miércoles, 17 de junio de 2020

SONIC: LA PELÍCULA, LLEGA AL MERCADO DOMÉSTICO

Uno de los más importantes blockbusters animados de lo que llevamos de 2020 ha llegado al mercado doméstico. Sonic: La película es distribuida por Sony en diferentes formatos: DVD, Blu-ray y 4K UHD. Nosotros hemos tenido acceso a la edición en Blu-ray y os contamos lo que nos ha parecido.
La edición en Blu-ray cuenta con una calidad de audio y vídeo de primera, por lo que la experiencia de ver la película en casa no dista demasiado de la tuvieron los miles de espectadores que pudimos verla en salas españolas. Además, se incluyen varios extras de lo más variopinto, que harán sobre todo las delicias de los más pequeños de la casa:
  • La vuelta al mundo en 80 segundos 
  • Escenas eliminadas 
  • Tomas falsas 
  • “Speed me up”, video musical 
  • Por el amor de Sonic 
  • Construyendo a Robotnik con Jim Carrey 
  • En el set con Sonic
  • Comentario del director Jeff Fowler y la voz original de Sonic, Ben Schwartz 
  • El erizo azul: los orígenes de Sonic
Nuestros favoritos han sido los dos últimos, los cuales son exclusivos de la edición en Blu-ray. 

miércoles, 10 de junio de 2020

TODA UNA VIDA PARA RECORDAR, DE NÚRIA PRADAS

Me cuesta muchísimo leer novelas. Acabo perdiendo el interés a las pocas páginas, se me acaban haciendo bola y se van quedando en la mesilla, acumulando polvo, sin ver avanzar el marcapáginas. Sin embargo, hay veces que una buena novela deja rápidamente atrás todas las lecturas anteriores y me devuelve la fe en este género literario. Tal es el caso de Toda una vida para recordar (Tota una vida per recordar, originalmente en catalán y traducido al español Josep Escarré), escrito por Núria Pradas Andreu (Barcelona, 1954) y publicado por Planeta en marzo de 2020 dentro de la colección AE&I (Autores Españoles e Iberoamericanos). Es una novela que he devorado sus más de cuatrocientas páginas en un par de noches. 
Sinopsis: Con sólo dieciséis años, Sophie Simmons deja a su familia para ir a Los Ángeles durante la Gran Depresión persiguiendo un sueño: trabajar como dibujante en Disney Studios. Pronto descubrirá, sin embargo, que no es un mundo para mujeres. Y así, entre amores y desamores, encajando los golpes que le da la vida, Sophie luchará hasta el final en medio de una época convulsa que marcará un antes y un después entre los profesionales de la animación de principios del siglo xx.

Pradas no se limita a realizar un texto vivo, una historia de juventudes, sueños, desengaños, amores, alegrías y llantos, sino que aprovecha la ocasión para hacer una labor pedagógica impresionante. Se nota, y mucho, que la autora se ha documentado, que se ha obsesionado (para bien) con el papel de las mujeres en la edad dorada del cine de animación estadounidense. Para ello crea el personaje de ficción de Sophie Simmons, una mezcla entre Retta Scott (1916-1990), la primera animadora acreditada por los estudios Disney, y Mary Blair (1911-1978), una de las ilustradoras conceptuales más importantes contratada entre los años 40 y 50 por el estudio de Burbank. De hecho, la protagonista recibe una beca para estudiar en la Chouinard School of Art de Los Angeles, al igual que les pasó a Scott y Blair en la vida real; su nivel artístico evoluciona hacia niveles de colorido desbocado gracias a un viaje a México, tal y como le pasó a Blair en los años cuarenta; y acaba publicando un libro infantil en la misma editorial que lo hiciera Blair en los cincuenta: Simon & Schuster. Es a través de Sophie como la autora nos adentra en la precariedad laboral de las mujeres en el medio de la animación, por los bajos salarios y por la imposibilidad de crecer dentro de los estudios hacia posiciones de responsabilidad en otros departamentos que no fuera el de Tinta y Pintura. Gracias a Sophie también nos adentramos en las revoluciones en material de derechos sociales que acabaron en la importante y sonada huelga de 1941, y, además, su presencia en los estudios Disney es la excusa  perfecta para poner en valor el pormenorizado trabajo que conllevaba estrenar un largometraje de animación en aquella época.

Una época absolutamente fascinante. Pues supone el crecimiento brutal de los estudios de Walt (y Roy) Disney, tanto en mano de obra como en instalaciones, pasando de las concentradas, y más familiares, situadas en el 2719 de la Hyperion Avenue de Los Angeles a las modernas, compartimentadas y más frías localizadas en el 500 de South Buena Vista Street, de Burbank; las cuales aparecen mostradas con todo lujo en el recomendable largometraje The Reluctant Dragon (1941) -un protodocumental de making of que puede encontrarse en Disney+. 

Entre los nombres propios reales que hacen su aparición en las páginas del libro se encuentran: Walt Disney (1901-1966, presidente), Roy Disney (1893-1971, presidente ejecutivo), Ben Sharpsteen (1895-1980, animación), Burt Gillett (1891-1971, dirección), Hazel Sewell (1898-1975, tinta y pintura), Ham Luske (1903-1968, dirección y animación), Bill Tytla (1904-1968, animación), Marge Belcher (1909, referencia en vivo de Blancanieves),  Ginni Mack (1927–2017, tinta y pintura), Claude Coats (1913-1992, fondos), Bill Garity (1899-1971, control de producción e inventor), Norm Ferguson (1902-1957, animador), Dolores Voght (1897-1981, secretaria de Walt Disney), Joe Grant (1908-2005, guion), Dick Huemer (1989-1979, guion, dirección y animación), Ward Kimball (1914-2002, dirección y animación), Dick Lundy (1907-1990, dirección de animación), Norm Wright (1910-2001, dirección de animación), Perce Pearce (1899-1955, dirección de animación), Bill Hurtz (1919-2000, asistente de animación) y Hal Adelquist (1914-1981, dirección de animación).

Caso aparte supone la presencia de Art Babbitt (Arthur Babitsky, 1907-1992), a quien se le da un papel importante en la obra, no solo por su excelente trabajo en el departamento de animación, donde definió la personalidad de Goofy, sino por resultar un apoyo fundamental en el desarrollo psicosocial de la protagonista. Además se menciona el hecho de que Babbitt empezó a realizar en su casa sesiones de dibujo al natural, pagando a la modelo de su bolsillo, después de las horas de trabajo en los estudios Disney. Y de como Walt al esterarse empezó pagar esas clases y a disponer en el estudio de un aula para ellas, siendo contratado Don Graham (1893-1976) para dirigirlas. Babbitt sirve además como hilo por el que descubrir de primera mano las reivindicaciones laborales de los trabajadores de la industria de la animación.

Y es que la acción sindical es uno de los importantes hilos conductores de la novela. De ella empezamos a saber en las primeras páginas, a través de las reuniones en Western Avenue de Los Angeles, presididas por Ub Iwerks (1901-1971), Grim Natwick (1890-1990), James "Shamus" Culhane (1908-1996) y Al Eugster (1909-1997). Más adelante sabemos de las reuniones presididas por Art Goble (supervisor de pintura en Looney Tunes) que tienen lugar en el restaurante mexicano El Coyote de Melrose Avenue (Los Angeles). Posteriormente se forma la Federation of Screen Cartoonist (conocida como The Federation) que entra en los estudios Disney gracias a Babbitt, y a un acuerdo un tanto pernicioso del abogado de los estudios Gunther Lessing (1885-1965). Ese mal acuerdo da pie a que Babbitt se cambie al sindicato Screen Cartoonis Guild (SCG), siendo elegido presidente de la Unidad Disney. Quedaría como vicepresidenta Phyllis Lambertson (-fechas no encontradas-, tinta y pintura) y como tercer representante Sam Armstrong (1893-1976, fondos). Al final las tensiones entre la SCG y los estudios Disney se saldan con el despido de 17 trabajadores, incluido Art Babbitt, el 28 de mayo de 1941, lo que da lugar al inicio de una huelga que se alarga hasta el 14 de septiembre de 1941. Desde entonces, ni los estudios de animación del ratón Mickey ni el carácter de Walt volverían a ser los mismos.
La autora además nos menciona a la competencia para ponernos en contexto temporal que surge poco después de que el gato Felix, icono de los dibujos animados de los años veinte, haya sido superado por Mickey Mouse, la estrella indiscutible de la animación sonora. Por ejemplo, se indica que en el año en que comienza la novela, 1932, Sophie no se plantea quedarse en Nueva York para tratar de trabajar en los Fleischer Studios, pues allí las mujeres no tenían recorrido profesional -de hecho, la primera animadora de este estudio sería Lillian Friedman Astor (1912-1989), quien empezó a animar, en secreto y, por tanto, sin ser acreditada, gracias al apoyo del director y animador Shamus Culhane. También aparecen reseñados los estudios MGM, los de Walter Lanz (1899-1994) y los Terrytoons de Paul Terry (1887-1971), pues se dice que en estos últimos coincidieron en los años 20 los animadores Bill Tytla y Art Babbitt.

A día de hoy el papel de la mujer sigue siendo secundario en el cine de animación. Es cierto que menos secundario de lo que lo era en las décadas en las que se desarrolla la novela de Núria Pradas, pero sigue quedando mucho camino para que lleguemos a una igualdad real en esta disciplina artística multifacética. Hay motivos para la esperanza. Cada vez hay más mujeres interesadas en realizar sus propias películas de animación, así como en ocupar puestos de responsabilidad en producciones de grandes estudios. El año pasado cuando impartí la asignatura de Teoría e Historia del Cine de Animación dentro del Master de Animación de la Universidad Politécnica de Valencia pude comprobarlo: el 60% del alumnado era femenino. Por otro lado, la génesis de la novela de Pradas también muestra esa realidad, pues la autora confiensa en los agradecimientos que la chispa provino de su hija, la ilustradora infantil y animadora, Clàudia Parts Pradas (1994), quien estudió animación en ECIB. No me extrañaría nada que fuera en esta escuela de cine donde enseñasen a Clàudia quienes eran Mary Blair y Retta Scott, pues allí la profesora de Historia del cine de animación no es otra que Carolina López Caballero, quien además de ser directora del festival Animac de Lleida es una gran fan del trabajo de las pioneras del cine de animación.

La novela, ganadora del Premi de les Lletres Catalanes Ramon Llull este 2020, ha sido editada en tapa dura con un PVP de 21,90 € y en versión digital con un PVP de 8,99 €.
Films que se mencionan en la novela:
  • Mickey Mouse: The Klondike Kid (Wilfred Jackson, 1932).
  • Silly Symphony: King Neptune (Burt Gillett, 1932).
  • Silly Symphony: Three Little Pigs (Burt Gillett, 1933).
  • Snow White and the Seven Dwarfs (David Hand, Wilfred Jackson, Ben Sharpsteen, Larry Morey, William Cottrell y Percival C. Pearce, 1937).
  • Pinocchio (Ben Sharpsteen, Hamilton Luske, 1940).
  • Fantasia (James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr., Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts, Paul Satterfield y Ben Sharpsteen, 1940).
  • The Reluctant Dragon (Jack Kinney, Hamilton Luske, Alfred L. Werker, Jack Cutting y Ub Iwerks, 1941).
  • Dumbo (Ben Sharpsteen, Wilfred Jackson, Samuel Armstrong, Bill Roberts, Norm Ferguson, Jack Kinney y John Elliotte, 1941).
  • Bambi (David Hand, Samuel Armstrong, James Algar, Bill Roberts, Paul Satterfield, Norman Wright y Graham Heid, 1942).
Libros y webs que tratan sobre esta época y que, a buen seguro, Núria Pradas ha consultado para documentarse:
  • Hollywood Cartoons: American Animation in its Golden Age (Michael Barrier, Oxford University Press, 2003).
  • Drawing the Line: The Untold Story of the Animation Unions from Bosko to Bart Simpson (Tom Sito, University Press of Kentucky, 2006).
  • The Art and Flair of Mary Blair: An Appreciation (John Canemaker, Disney Editions, 2014).
  • The Queens of Animation: The Untold Story of the Women Who Transformed the World of Disney and Made Cinematic History (Nathalia Holt, Little, Brown and Company, 2019).
  • Babbitt Bloghttps://babbittblog.com/

domingo, 7 de junio de 2020

DETRÁS DE LAS RISAS. UN ENSAYO SOBRE LOS SIMPSON

Me lavo con un trapo atado a un palo.
Bart Simpson en King-Size Homer (T7E7)

Es parte indisoluble de todos aquellos españoles que nacimos entre 1980 y 2000, y eso se lo debemos enteramente a que Antena 3 decidiera emitir y repetir hasta la saciedad sus capítulos a la hora de comer. Cris Domínguez (Madrid, 1995), la autora del ensayo Detrás de las cámaras, más allá de Los Simpson, pertenece a esa generación que ha disfrutado hasta la saciedad (si es que uno puede acabar saciado en algún momento) de la familia amarilla más famosa de la televisión; y por ello sabe perfectamente de lo que habla cuando saca sobre la palestra a sus personajes, situaciones, lugares, detalles de producción, etc.
El libro se desglosa en siete grandes capítulos:

  1. "Érase una vez en Springfield: Dónde, cómo y por qué nace la serie.
  2. "Not just anothe state": Más allá de Springfield.
  3. "¡Springfiled, Springfield, es una gran ciudad!": La ciudad y sus habitantes.
  4. "¡Atención, Atención, A-ten-ción!": La familia Simpson.
  5. "¡Aborto para unos, banderitas americanas para otros!": Los personajes (no tan) secundarios.
  6. "A mí no me preguntes, solo soy una chica": La mujer en Los Simpson.
  7. Rompiendo la segunda dimensión: Los Simpson fuera de la pequeña pantalla.
Me ha parecido especialmente brillante el sexto, por ser un estudio muy sólido sobre todo lo referente al feminismo que la serie deja caer sobre el espectador: empoderamiento, brujería, cultura de la violación, hipersexualización y heteronomatividad. Son las cuarenta páginas que más me han aportado del conjunto, pero no es lo único que he disfrutado plenamente, pues también se habla de algo tan atractivo como es la meta-animación, es decir, las referencias implícitas a la animación que tienen cabida dentro de esta serie animada. En este último apartado, se analizan dos de mis capítulos favoritos: The Day the Violence Died (T7E18), ese en el que Chester J. Lampwick gana en los tribunales la autoría de Rasca y Pica; y Angry Dad: The Movie (T22E14), en el que Bart Simpson y su película Angry Dad acaba compitiendo en los Oscar contra el film Condiments de Mixar y la película Wallace & Crumble in Better Gnomes and Gardens de Nick Park.

Por el contrario, se hace un poco repetitiva la explicación de los personajes y lugares emblemáticos de la serie, siendo en parte problema mío por haber sido otro de esos adolescentes que comía embobado viendo una y otra vez como Moe le robaba a Homer la idea de comercializar su exquisito y revolucionario flameado. He encontrado además algunos errores, muy menores, en el texto: 

  • Cuando Domínguez habla del capítulo crossover de The Simpsons y Family Guy, The Simpson Guy (T13E1), se menciona que Peter Griffin se pelea con Homer porque aquel defiende que la mejor cerveza es La Garrapata Roja, frente a la Duff del universo Simpson. Realmente La Garrapata Roja -aquella que tenía un toque a... perro- es una cerveza que bebe Homer en el episodio The Springfield Files (T8E10); siendo la marca de cerveza que Griffin bebe con fanatismo en su serie la Pawtucket: Patriot Ale.
  • Se indica que la familia Simpson vive en el 472 de Evergreen Terrace. Realmente es en el 742 (algo que corrige la autora un poco más adelante en el texto).
  • En el apartado de personajes secundarios, en un párrafo se menciona que las gemelas Sherri y Terri Mackleberry son compañeras de clase de Lisa, mientras que en otro se indica que comparten clase con Bart. Lo cierto es lo segundo.
Nada de todo ello resta puntos al buen desarrollo de la prosa que maneja la autora, ni a la notable exposición y estructura de las ideas. Vamos, que el libro se lee como un tiro. Es ameno, entretenido y aporta tantas anécdotas que está 100% asegurado que vas a descubrir algo nuevo. Yo, por ejemplo, no sabía que necesitaba ir a Florida a montarme en la atracción dedicada a Kang y Kodos. Ya estoy ahorrando...
Este libro de 240 páginas lo edita Héroes de Papel, dentro de su colección Crossover. Salió a la venta este 2020 a un PVP de 19,95 €. Cuenta con tapas duras, interiores y cubiertas a todo color, y un acabado de arte y maquetación tan espectacular como inteligente (evitando utilizar imágenes con copyright) que es obra de Domi Vakero.

sábado, 23 de mayo de 2020

LA IMAGINACIÓN TANGIBLE, DE JORDI SÁNCHEZ-NAVARRO

Hace unos años lo mío con la animación no era tan enfermizo. Era una enfermedad, pero no era grave. Por aquel entonces cayó en mis manos el libro "Películas clave del cine de animación", del crítico y eminente divulgador cultural Jordi Costa. En poco espacio de tiempo aquel volumen se convirtió en una de mis principales brújulas, en un instrumento capaz de hacerme viajar a terrenos del cine de animación para mí hasta entonces inexplorados. Costa ofrecía en un recorrido por 100 películas de animación lo que a su juicio eran las obras imprescindibles para elaborar una radiografía universal de esta centenaria modalidad artística. En su acertada mirada no se limitaba a los largometrajes, sino que también tenían cabida unos pocos cortometrajes. El análisis de cada película me llevaba como lector a otros films, ya fuera por referencia directa o indirecta, y al final del libro se incluía un estupendo glosario de los principales realizadores del espectro animado. Un complemento ideal para meter ante mis cuatro ojos sesiones continuas de una sola firma.  Por suerte y nunca diré por desgracia -pues sirven a la perfección como foto de un momento de análisis determinado-, este tipo de trabajos quedan con el tiempo obsoletos. "Películas clave del cine de animación" se terminaba de imprimir en 2010 y la última película que analizaba era Up (Pete Docter, 2009).
Otro Jordi, en este caso Sánchez-Navarro, ha publicado recientemente (más concretamente en el febrero idílico, previo al horrible brote europeo de la pandemia del COVID-19) un ensayo que sigue bastante la línea del libro comentado en el párrafo anterior. "La imaginación tangible. Una historia esencial del cine de animación", publicado por Editorial UOC (Universitat Oberta de Catalunya) dentro de su colección Filmografías esenciales, supone otro recorrido personal por la historia del cine de animación. Pues la animación, como cualquier otro arte, es algo enteramente subjetivo. Jordi Sánchez-Navarro, quien fuera director del Salò Internacional del Còmic de Barcelona y quien es, desde hace unos cuantos años, el responsable de la programación de Anima't, la sección de animación del festival de Sitges, se ha enfrentado a este reto con valentía. Pues reconozcamos que la cosa era chunga: 120 años de animación resumidos en 50 largometrajes es para volverse loco. A no ser que uno sea de los que tira de otras recopilaciones que pululan por internet o de los que coge lo mejor puntuado de IMDB o Filmaffinity y a correr. No estamos en ese caso. Sánchez-Navarro sabe bien lo que es la animación: técnicas, estilos formales, autores de renombre, corrientes artísticas,... Con cincuenta títulos prácticamente lo cubre todo. Motivo por el cual el libro merece un aplauso a su labor de síntesis. El truco está, como ya hizo Costa en su ensayo, en aprovechar el espacio dedicado a cada largometraje para hablar de soslayo de otros títulos indispensables del cine de animación. Por ejemplo, al ser una de las premisas que se impuso Sánchez-Navarro el no repetir directores, en el momento en el que habla de Paprika (2006), aprovecha para glosar todos los trabajos del gran Satoshi Kon; o cuando habla de ¡Piratas! (Peter Lord, 2012), utiliza las tres páginas para, también, hacer un breve recorrido histórico de los trabajos más destacados del estudio plastileniode situado en Brístol. Además de todo esto, el libro merece la pena porque Sánchez-Navarro mete títulos a menudo olvidados en este tipo de listas, como Las doce pruebas de Asterix (Albert Uderzo, René Goscinny, y Pierre Watrin, 1976) o Batman: La máscara del fantasma (Eric Radomski y Bruce Timm, 1993), que me flipan hasta el punto de que yo también los hubiera considerado esenciales. Por otro lado, la prosa es fluida y amena. Sánchez-Navarro sabe incluir los datos técnicos y las anécdotas de prensa amarilla con estilo, haciendo que el libro literalmente se devore (dejando un regusto entre los dientes a tinta negra y celulosa).

Se hace difícil poner algún pero al libro de Jordi Sánchez-Navarro. A mí particularmente me encanta que los ensayos cinematográficos tengan imágenes sobre las que apoyarse, pues creo que ayudan mucho a que toda la información que se vuelca quede mejor asimilada en el cerebro (al menos, como digo, en el mío, que es el que conozco mejor). Por otro lado en ocasiones el autor se deja llevar por los errores incluidos en textos existentes, ayudando a que se perpetúen en el tiempo. Algunos ejemplos son:
  • Se menciona en el capítulo dedicado a Una invención diabólica (1958), que el director Karel Zeman trabajó en el cortometraje El sueño de Navidad (1943) junto a su hermano Bořivoj Zeman. Pese a la coincidencia en el apellido, Karel y Bořivoj no eran hermanos, tal y como deja claro este posteo en Facebook del Karel Zeman Museum.
  • En la ficha dedicada a Toy Story (John Lasseter, 1995) se indica que la película fue fruto de un acuerdo inicial entre Disney y Pixar de un total de dos películas. El acuerdo realmente fue de tres largometrajes, que acabaron siendo Toy Story, Bichos, una aventura en miniatura (John Lasseter y Andrew Stanton, 1998) y Monstruos, S.A. (Pete Docter, 2001) -entre medias de las dos últimas, Pixar realizó Toy Story 2 (John Lasseter, 1999), que quedó fuera de ese acuerdo.
  • Por último, en el texto dedicado Kubo y las dos cuerdas mágicas (Travis Knight, 2016) puede leerse que Laika desarrolló en 2005 la animación de La novia cadáver (Tim Burton y Mike Johnson, 2005). Lo cierto es que Laika estaba por entonces empezando, y los directivos de la compañía vieron la producción del segundo largometraje de animación stop-motion de Burton como un proyecto ideal para que sus animadores y artistas se formaran. La animación fue realizada enteramente en los 3 Mills Studios de Londres.
Son detalles chorras que, desde luego -y eso quiero que quede claro meridiano- no empañan en absoluto el trabajo de Sánchez-Navarro. Recordemos: un ejercicio espectacular de síntesis. Por ello, debo decir que estoy feliz, pues ahora tengo en mi biblioteca una nueva brújula que me guía en las aventuras animadas que están por venir. Sin embargo, de cara a ese futuro toca ser cautos y pacientes, pues atendiendo a cómo funciona esto no tendremos otro ensayo de películas de animación esenciales o clave, escrito por otro Jordi, hasta 2030.

El listado de películas que recoge el libro "La imaginación tangible. Una historia esencial del cine de animación", es el siguiente:
Además se aporta una jugosa bibliografía (que siempre me sirve para encontrar/comprar nuevos libros que se me habían pasado por alto), un índice de películas y un glosario del montón de películas de animación (de corto y largo metraje) que han sido mencionadas.

El libro consta de 230 páginas, encuadernación rústica con solapas. PVP: 23 €

lunes, 13 de abril de 2020

MEJORES LARGOMETRAJES DE ANIMACIÓN DE LA HISTORIA

Hace unos días realicé una consulta en mi facebook personal preguntando por cuáles eran para mis amigos y amigas las mejores películas de animación de la historia, entendidos como largometrajes aquellas películas de más de 40 minutos, y entendiendo animación como todas las técnicas excepto la de las marionetas (siguiendo, en parte, el dictado de la Academia de Hollywood) -incluidas las películas que combinen animación con acción real.

El resultado, sobre una muestra de 27 participantes arroja la siguiente lista de los 51 mejores largometrajes de animación. Esta lista me gustaría que fuera dinámica, por lo que cualquier está invitado a participar dejando en los comentarios de esta entrada su lista de 25 largometrajes de animación favoritos. 

1. Akira
2. Pesadilla antes de navidad
3. El gigante de hierro
4. El viaje de Chihiro
5. ¿Quién engañó a Roger Rabbit?
6. Cuando el viento sopla
7. El libro de la selva
8. El planeta salvaje
9. Ghost in the shell
10. La princesa mononoke
11. Mi vecino Totoro
12. Spiderman: into the spider-verse
13. Fantasía
14. Nimh, el mundo secreto de la señora Brisby
15. Toy Story
16. Alice
17. El mago de los sueños
18. La bella y la bestia
19. La tumba de las luciérnagas
20. Las trillizas de Belleville
21. Los mundos de Coraline
22. Mary & Max
23. Wall·e
24. American pop
25. Anomalisa
26. Chicken Run
27. El secreto del libro de kells
28. Isla de perros
29. La novia cadaver
30. Los increibles
31. Monstruos S.A.
32. Perfect Blue
33. Wolf children
34. ¿Dónde está mi cuerpo?
35. Asterix y Obelix en las 12 pruebas
36. Blancanieves
37. Coco
38. El ladrón de Badgad
39. El rey león
40. Fantastic Mr. Fox
41. Klaus
42. Kubo y las dos cuerdas
43. La bella durmiente
44. La maldición de las verduras
45. La vida de calabacín
46. Pinocho
47. Shrek
48. Simbad y la princesa
49. Tygra, hielo y fuero
50. Up
51. Your name

¿Habéis visto todas?

domingo, 16 de febrero de 2020

Peter Lord en la Cineteca de Matadero (Madrid)

El pasado jueves, 13 de febrero de 2020, se presentó en la Cineteca de Matadero la inminente edición número 23 del siempre atractivo Animac, festival dedicado en exclusiva al cine de animación. Para ello se contó con la presencia de la directora del festi, Carolina López Caballero, y con un invitado de excepción: Peter Lord, uno de los cofundadores del archiconocido estudio Aardman, los culpables de poner a Brístol en un lugar privilegiado de los mapas del cine animado.
Morph paseando por el empedrado de Matadero de Madrid (foto sacada de la cuenta de Twitter de Peter Lord).
Aparte de indicar el lema y leit motiv de este año para el festival: Time Capsule, pues, en palabras de López: "la animación es un medio poderoso para recuperar el pasado, para recolectar y conducir los recuerdos, el tiempo vivido, la historia, que permite hablar de aquello que es muy difícil de abordar desde la imagen real”, también se dieron a conocer los nombres de los homenajeados y realizadores que estarán presentes del 27 de febrero al 1 de marzo en la ciudad de Lleida: Florence Miailhe (Premio Animation Master), William Kentridge (Premio Honorífico), Jordi Artigas (Premio Trayectoria), Theodore Ushev, Ülo Pikkov, Aurélien Froment, Karla Castañeda y Luis Téllez, Fernando Moro, Nuria G. Blanco, Javier Galán, Pedro Alpera, Regina Pessoa y Abi Feijó, Manuel Sirgo, David Fidalgo,... Si tenéis la oportunidad, no dudéis de cogeros el AVE y plantaros en la única capital de provincia en la que durante cuatro días os podréis hinchar de ver cine de animación y de comer ricos calçots con salsa romescu.
Tras el breve speech de Carolina López se dio paso a Peter Lord, quien empezó mostrando un vídeo recopilatorio de lo mejor de los, más de cuarenta años, del estudio Aardman. Acto seguido, se dispuso a hablar de cómo había conocido en la escuela a David Sproxton y de cómo habían empezado juntos una aventura empresarial duradera que no ha erosionado en ningún momento su longeva amistad. Ambos empezaron su camino en la animación por la vía del dibujo animado, creando un súper héroe patán al que bautizaron Aardman (por aquel entonces, les hacía gracia la palabra Aardvark -cerdo hormiguero en inglés-). Pero entonces se sentaron a pensar y llegaron a la conclusión de que si seguían por la vía de los dibujos animados, donde había cientos de competidores de un nivel muy superior al suyo, no se comerían un colín; sin embargo, si viraban a la animación en volumen, a la stop-motion, se encontrarían en el top de los animadores, pues durante la década de los setenta la competencia en este campo era prácticamente inexistente. Genios.
Pasaría acto seguido a hablar de Morph, el primer PERSONAJE creado por el estudio de Brístol. Fue ideado para ser un secundario del programa Vision On, pero pronto acabaría teniendo serie propia. Morph tuvo en la década pasada un resurgimiento web que permitió a Peter Lord y su equipo crear nuevos episodios del personaje, adaptados a la nuevas realidades cotidianas (uso de smatrphones y tablets, los selfies, etc.). Lord indicó que, antes de crear a Morph, había series de animación de muñecos en la televisión británica como The Magic Roundabout (Le Manège enchanté, Sergé Danot, 1965-1977) en las que si bajabas a tope el sonido no te enterabas de absolutamente nada de lo que pasaba. Los muñecos se movían, sí, pero no con un sentido expresivo que enfatizase lo que se decía en sus interminabes diálogos. Vision On, al ser un programa pensado para niños sordos, hizo que los animadores de Aardman tuvieran que crear un personaje cuya actuación se basara por completo en el lenguaje no verbal. Lo consiguieron con creces.



Habló entonces Peter de cuando David Sproxton y él tuvieron la suerte de encontrar en la NFTS, la escuela londinense de cine y tele, a Nick Park, a quien Lord no dudó el presentar como "el animador más brillante de su generación". De las creaciones de Park, Lord mostró a los asistentes de la Cineteca una secuencia de la que considera que es la mejor película del realizador de Preston: Los pantalones equivocados (The Wrong Trousers, 1993).

A partir de este momento, Lord se puso a hablar de algunos de los logros actuales de la compañía, empezando por su introducción, discreta pero interesante, en el terreno de los videojuegos. Para par pie a ello, primero presentó un anuncio que habían realizado para loterias de Reino Unido, y por cuya estética les habían contratado para realizar el vídeo presentación del videojuego 11-11, que sitúa al jugador en la Primera Guerra Mundial. Lord lo dijo claramente: "los videojuegos no son algo que me interesen especialmente, pero como estudio pienso que debemos estar también en ese campo". El meter el anuncio de la lotería, le daría pie a mostrar un trabajo de identidad para BBC2 que había realizado recientemente el director Kevin Strange, mediante la filmación en slow-motion de olas formadas por blandiblú de colores y ojos de muñeca.



Antes de continuar poniendo vídeos indicó que había puestos estos ejemplos para demostrar al público que Aardman no es solo plastilina animada; que con el estudio lo que lleva tiempo buscando es tener una amplia variedad de estilos, una diversidad tanto en animación, como en arte y en dirección. Y que por ello daban la oportunidad a que sus empleados creasen cortometrajes como Remote! (2015), realizado en los ratos libres de Andrew Lavery y Mathew Rees, dos animadores de CGI del departamento de anuncios del estudio.



Mientras Peter Lord hablaba, sus manos sostenían un bloque de plastilina de color terracota que iba tomando la forma de un ser animable, con cabeza, tronco y extremidades. Cuando el Morph estuvo casi listo, Lord lo enseñó al público y dijo: "No entiendo por qué la gente llama animación 3D a la animación por ordenador. El 3D real es esto (y señala al muñeco de plastilina que tiene entre las manos). El 3D para mí es la animación en volumen".

Puso entonces un clip making of de Daddy, el tema de Coldplay para el que la directora Åsa Lucander utilizó marionetas de varillas rodadas en vivo (no utilizaron animación stop-motion por falta de tiempo), que incluye animaciones en 2D y composición de efectos digitales añadidos en postproducción. Volvería pronto, y ya hasta el final, a la animación stop-motion en volumen por la que Aardman es ampliamente reconocida poniendo un episodio de la pareja de imbéciles de plastilina Purple & Brown, el encargo de Nokia de realizar un video en stop-motion con los personajes más pequeños de la historia (para el que usaron las impresoras 3D), el corto/anuncio Dot, y un making of de montaje muy picado de ¡Piratas! (The Pirates! In an Adventure with Scientists!, 2012).



Cerraría el tour por las producciones de Aardman con un análisis pormenorizado del proceso creativo del último largometraje que han completado: La oveja Shaun. La pelcula: Granjagueddon (A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon, Will Becher y Richard Phelan, 2019). Habló entonces del artista de storyboard español Luis Zamora Pueyo, y sacó de las cajas que traía consigo a una Shaun a Lu-La, la alienígena que acompaña al famoso cordero en su última aventura. Mostró también un vídeo del proceso de creación del muñeco alienígena, desde el esqueleto interno hasta la colocación de su cuerpo de látex y su cabeza de plastilina. Dijo que adoraba el departamento de taller de su estudio, porque todo allí tenía olor y tacto. Se sienten los materiales por todos lados. Y eso le recordó que hacía poco había estado en las instalaciones de Pixar en California para dar una charla a los animadores que allí trabajaban, y que el ambiente le había parecido de lo más aburrido.
Hablaría a partir de este momento de las obras de caridad que han realizado desde Aardman, colaborando con el hospital infantil de la ciudad para el que han recaudado, en sus 25 años de colaboración, la nada desdeñable cifra de 70 millones de libras; y de la división de su estudio encargada de crear alrededor del mundo atracciones temáticas de sus personajes. Además indicó que hacía un año y medio, David Sproxton y él habían iniciado los trámites para dejar Aardman en manos de sus trabajadores. En ese momento el auditorio le regaló un sonoro aplauso. "Entendemos que es la forma de que nuestra compañía, que es algo que amamos, mantenga cierta independencia y no sea explotada". La guinda del pastel llegaría por medio de un vídeo de animación flash socarrona protagonizada por Jeffrey, el australiano de sombrero de ala ancha más desinhibido de nuestras antípodas, creado por el animador Tom Parkinson.


No hubo tiempo para coloquio, por desgracia, pero Peter Lord atendió con gusto a las decenas de personas que le pedimos que nos dejase estampada su rúbrica en algún recuerdo. En ese momento fue en el que aproveché para preguntarle si tenía pensado volver a dirigir. Me contestó que no, que de momento estaba trabajando en el estudio como productor ejecutivo. También me contó que Aardman actualmente está en desarrollo de la segunda parte de Chicken Run y de dos proyecto para Netflix: Robin Robin y de un especial navideño de la oveja Shaun.

jueves, 2 de enero de 2020

ESPÍAS CON DISFRAZ, RITMO CÓMICO Y TREPIDANTE

En los nostálgicos noventa, Steven Spielberg hizo equipo con el estudio de animación de los Warner Brothers dando como resultado dos series que se emitieron en medio mundo: Tiny Toon Adventures una vuelta de tuerca a los cánones de la animación warneriana establecidos en la Termite Terrace; y Animaniacs, un avance en los márgenes de la animación disparatada que pronto llegaría a su punto álgido por medio de figuras fundamentales en el cartoon estadounidense como John Krickfalusi o Stephen Hillenburg. Esta segunda serie seguía las andanzas de los hermanos Warner (Yakko, Wakko y Dot), creados en plena producción de las Looney Tunes y Merrie Melodies, en un distópico 1930, pero guardados en un cajón por ser demasiado alocados. Quizás Leon Schlesinger tuviera miedo de no poder controlarles.

En 1993 estos chiflados salían de su prisión, pero no lo hacían solos. La serie además servía de contenedor de las aventuras de otros seres animados. Aunque todos ellos tendrían interés para la audiencia, ninguno recalaría en el córtex colectivo con tanta fuerza como la dupla formada por los ratones de laboratorio Pinky y Cerebro. Entre los olvidados estaban The Goodfeathers, un grupo de palomas italo-americanas que vivían en una estatua de Martin Scorsese situada en Nueva York.

En 2009, la capital administrativa de los USA tendría también su representación dentro del nicho de la animación emplumada. Pigeon: Impossible, de Lucas Martell nos acercaba a diez minutos de la vida de un espía llamado Walter Beckett, quien provocaba por accidente que un misil nuclear escondido en el monumento a Washington se dirigiese directamente a Rusia. Todo por culpa de una paloma con hambre de donut y un maletín provisto de la más puntera tecnología.

El trepidante cortometraje debió de encandilar a la directiva del estudio Blue Sky (por entonces, filial animada de la 20th Century Fox), quienes estrenaban ese año la tercera entrega de su saga más exitosa: Ice Age: El origen de los dinosaurios, y estaban en proceso de desarrollo de otro interesante film animado protagonizado por aves: Rio. Así que compraron los derechos de la historia a Martell y empezaron lentamente a cocinar un film que no vería la luz hasta 10 años después.

Poco queda del cortometraje original en la última película de Blue Sky, más allá del nombre del protagonista, la situación de la base central de los espías en Washington D.C. y la presencia de palomas. En el largometraje, la historia se centra en dos personajes: Lance Sterling (Will Smith), la gran estrella del grupo de espías, y Walter Beckett (Tom Holland), un profesional en prácticas del departamento de ingeniería. Ambos tendrán que apartar sus diferencias para derrotar a un terrible villano de maquiavélicos planes. Es decir, estamos ante la que podría ser la enésima película de la saga Bond, incluso los títulos de crédito iniciales son un claro homenaje a los que hicieron grande a Saul Bass, con el aliciente de que la que la animación le ayuda a ser un poco más fantástica en ciertos aspectos, sin ser excesivamente surrealista.

Es interesante como los directores noveles, Nick Bruno y Troy Quane, han sabido concatenar las acciones de la trama con absoluta gracia, ayudados por la ídem de una animación por ordenador perfectamente pulida y diálogos salpicados por chispas de genial comicidad –sirva de ejemplo el momento en el que el agente Sterling llama Roomba a un dron asesino–. Asimismo, se permiten el lujo de introducir con atino secuencias de animación de personajes gomosos y flácidos, sin esqueleto, al más puro estilo Simon Christoph Krenn. La valentía es digna de aplauso.

Que nadie espere, empero, encontrar un final sorprendente. Eso sí, este film, el primero de Blue Sky bajo el enorme paraguas del ratón de bermudas rojas (el estudio de animación iba dentro del pack en la compra de Disney a Fox) cuenta con un desenlace tan correcto que permite que soñemos con una secuela.