domingo, 16 de febrero de 2020

Peter Lord en la Cineteca de Matadero (Madrid)

El pasado jueves, 13 de febrero de 2020, se presentó en la Cineteca de Matadero la inminente edición número 23 del siempre atractivo Animac, festival dedicado en exclusiva al cine de animación. Para ello se contó con la presencia de la directora del festi, Carolina López Caballero, y con un invitado de excepción: Peter Lord, uno de los cofundadores del archiconocido estudio Aardman, los culpables de poner a Brístol en un lugar privilegiado de los mapas del cine animado.
Morph paseando por el empedrado de Matadero de Madrid (foto sacada de la cuenta de Twitter de Peter Lord).
Aparte de indicar el lema y leit motiv de este año para el festival: Time Capsule, pues, en palabras de López: "la animación es un medio poderoso para recuperar el pasado, para recolectar y conducir los recuerdos, el tiempo vivido, la historia, que permite hablar de aquello que es muy difícil de abordar desde la imagen real”, también se dieron a conocer los nombres de los homenajeados y realizadores que estarán presentes del 27 de febrero al 1 de marzo en la ciudad de Lleida: Florence Miailhe (Premio Animation Master), William Kentridge (Premio Honorífico), Jordi Artigas (Premio Trayectoria), Theodore Ushev, Ülo Pikkov, Aurélien Froment, Karla Castañeda y Luis Téllez, Fernando Moro, Nuria G. Blanco, Javier Galán, Pedro Alpera, Regina Pessoa y Abi Feijó, Manuel Sirgo, David Fidalgo,... Si tenéis la oportunidad, no dudéis de cogeros el AVE y plantaros en la única capital de provincia en la que durante cuatro días os podréis hinchar de ver cine de animación y de comer ricos calçots con salsa romescu.
Tras el breve speech de Carolina López se dio paso a Peter Lord, quien empezó mostrando un vídeo recopilatorio de lo mejor de los, más de cuarenta años, del estudio Aardman. Acto seguido, se dispuso a hablar de cómo había conocido en la escuela a David Sproxton y de cómo habían empezado juntos una aventura empresarial duradera que no ha erosionado en ningún momento su longeva amistad. Ambos empezaron su camino en la animación por la vía del dibujo animado, creando un súper héroe patán al que bautizaron Aardman (por aquel entonces, les hacía gracia la palabra Aardvark -cerdo hormiguero en inglés-). Pero entonces se sentaron a pensar y llegaron a la conclusión de que si seguían por la vía de los dibujos animados, donde había cientos de competidores de un nivel muy superior al suyo, no se comerían un colín; sin embargo, si viraban a la animación en volumen, a la stop-motion, se encontrarían en el top de los animadores, pues durante la década de los setenta la competencia en este campo era prácticamente inexistente. Genios.
Pasaría acto seguido a hablar de Morph, el primer PERSONAJE creado por el estudio de Brístol. Fue ideado para ser un secundario del programa Vision On, pero pronto acabaría teniendo serie propia. Morph tuvo en la década pasada un resurgimiento web que permitió a Peter Lord y su equipo crear nuevos episodios del personaje, adaptados a la nuevas realidades cotidianas (uso de smatrphones y tablets, los selfies, etc.). Lord indicó que, antes de crear a Morph, había series de animación de muñecos en la televisión británica como The Magic Roundabout (Le Manège enchanté, Sergé Danot, 1965-1977) en las que si bajabas a tope el sonido no te enterabas de absolutamente nada de lo que pasaba. Los muñecos se movían, sí, pero no con un sentido expresivo que enfatizase lo que se decía en sus interminabes diálogos. Vision On, al ser un programa pensado para niños sordos, hizo que los animadores de Aardman tuvieran que crear un personaje cuya actuación se basara por completo en el lenguaje no verbal. Lo consiguieron con creces.



Habló entonces Peter de cuando David Sproxton y él tuvieron la suerte de encontrar en la NFTS, la escuela londinense de cine y tele, a Nick Park, a quien Lord no dudó el presentar como "el animador más brillante de su generación". De las creaciones de Park, Lord mostró a los asistentes de la Cineteca una secuencia de la que considera que es la mejor película del realizador de Preston: Los pantalones equivocados (The Wrong Trousers, 1993).

A partir de este momento, Lord se puso a hablar de algunos de los logros actuales de la compañía, empezando por su introducción, discreta pero interesante, en el terreno de los videojuegos. Para par pie a ello, primero presentó un anuncio que habían realizado para loterias de Reino Unido, y por cuya estética les habían contratado para realizar el vídeo presentación del videojuego 11-11, que sitúa al jugador en la Primera Guerra Mundial. Lord lo dijo claramente: "los videojuegos no son algo que me interesen especialmente, pero como estudio pienso que debemos estar también en ese campo". El meter el anuncio de la lotería, le daría pie a mostrar un trabajo de identidad para BBC2 que había realizado recientemente el director Kevin Strange, mediante la filmación en slow-motion de olas formadas por blandiblú de colores y ojos de muñeca.



Antes de continuar poniendo vídeos indicó que había puestos estos ejemplos para demostrar al público que Aardman no es solo plastilina animada; que con el estudio lo que lleva tiempo buscando es tener una amplia variedad de estilos, una diversidad tanto en animación, como en arte y en dirección. Y que por ello daban la oportunidad a que sus empleados creasen cortometrajes como Remote! (2015), realizado en los ratos libres de Andrew Lavery y Mathew Rees, dos animadores de CGI del departamento de anuncios del estudio.



Mientras Peter Lord hablaba, sus manos sostenían un bloque de plastilina de color terracota que iba tomando la forma de un ser animable, con cabeza, tronco y extremidades. Cuando el Morph estuvo casi listo, Lord lo enseñó al público y dijo: "No entiendo por qué la gente llama animación 3D a la animación por ordenador. El 3D real es esto (y señala al muñeco de plastilina que tiene entre las manos). El 3D para mí es la animación en volumen".

Puso entonces un clip making of de Daddy, el tema de Coldplay para el que la directora Åsa Lucander utilizó marionetas de varillas rodadas en vivo (no utilizaron animación stop-motion por falta de tiempo), que incluye animaciones en 2D y composición de efectos digitales añadidos en postproducción. Volvería pronto, y ya hasta el final, a la animación stop-motion en volumen por la que Aardman es ampliamente reconocida poniendo un episodio de la pareja de imbéciles de plastilina Purple & Brown, el encargo de Nokia de realizar un video en stop-motion con los personajes más pequeños de la historia (para el que usaron las impresoras 3D), el corto/anuncio Dot, y un making of de montaje muy picado de ¡Piratas! (The Pirates! In an Adventure with Scientists!, 2012).



Cerraría el tour por las producciones de Aardman con un análisis pormenorizado del proceso creativo del último largometraje que han completado: La oveja Shaun. La pelcula: Granjagueddon (A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon, Will Becher y Richard Phelan, 2019). Habló entonces del artista de storyboard español Luis Zamora Pueyo, y sacó de las cajas que traía consigo a una Shaun a Lu-La, la alienígena que acompaña al famoso cordero en su última aventura. Mostró también un vídeo del proceso de creación del muñeco alienígena, desde el esqueleto interno hasta la colocación de su cuerpo de látex y su cabeza de plastilina. Dijo que adoraba el departamento de taller de su estudio, porque todo allí tenía olor y tacto. Se sienten los materiales por todos lados. Y eso le recordó que hacía poco había estado en las instalaciones de Pixar en California para dar una charla a los animadores que allí trabajaban, y que el ambiente le había parecido de lo más aburrido.
Hablaría a partir de este momento de las obras de caridad que han realizado desde Aardman, colaborando con el hospital infantil de la ciudad para el que han recaudado, en sus 25 años de colaboración, la nada desdeñable cifra de 70 millones de libras; y de la división de su estudio encargada de crear alrededor del mundo atracciones temáticas de sus personajes. Además indicó que hacía un año y medio, David Sproxton y él habían iniciado los trámites para dejar Aardman en manos de sus trabajadores. En ese momento el auditorio le regaló un sonoro aplauso. "Entendemos que es la forma de que nuestra compañía, que es algo que amamos, mantenga cierta independencia y no sea explotada". La guinda del pastel llegaría por medio de un vídeo de animación flash socarrona protagonizada por Jeffrey, el australiano de sombrero de ala ancha más desinhibido de nuestras antípodas, creado por el animador Tom Parkinson.


No hubo tiempo para coloquio, por desgracia, pero Peter Lord atendió con gusto a las decenas de personas que le pedimos que nos dejase estampada su rúbrica en algún recuerdo. En ese momento fue en el que aproveché para preguntarle si tenía pensado volver a dirigir. Me contestó que no, que de momento estaba trabajando en el estudio como productor ejecutivo. También me contó que Aardman actualmente está en desarrollo de la segunda parte de Chicken Run y de dos proyecto para Netflix: Robin Robin y de un especial navideño de la oveja Shaun.

jueves, 2 de enero de 2020

ESPÍAS CON DISFRAZ, RITMO CÓMICO Y TREPIDANTE

En los nostálgicos noventa, Steven Spielberg hizo equipo con el estudio de animación de los Warner Brothers dando como resultado dos series que se emitieron en medio mundo: Tiny Toon Adventures una vuelta de tuerca a los cánones de la animación warneriana establecidos en la Termite Terrace; y Animaniacs, un avance en los márgenes de la animación disparatada que pronto llegaría a su punto álgido por medio de figuras fundamentales en el cartoon estadounidense como John Krickfalusi o Stephen Hillenburg. Esta segunda serie seguía las andanzas de los hermanos Warner (Yakko, Wakko y Dot), creados en plena producción de las Looney Tunes y Merrie Melodies, en un distópico 1930, pero guardados en un cajón por ser demasiado alocados. Quizás Leon Schlesinger tuviera miedo de no poder controlarles.

En 1993 estos chiflados salían de su prisión, pero no lo hacían solos. La serie además servía de contenedor de las aventuras de otros seres animados. Aunque todos ellos tendrían interés para la audiencia, ninguno recalaría en el córtex colectivo con tanta fuerza como la dupla formada por los ratones de laboratorio Pinky y Cerebro. Entre los olvidados estaban The Goodfeathers, un grupo de palomas italo-americanas que vivían en una estatua de Martin Scorsese situada en Nueva York.

En 2009, la capital administrativa de los USA tendría también su representación dentro del nicho de la animación emplumada. Pigeon: Impossible, de Lucas Martell nos acercaba a diez minutos de la vida de un espía llamado Walter Beckett, quien provocaba por accidente que un misil nuclear escondido en el monumento a Washington se dirigiese directamente a Rusia. Todo por culpa de una paloma con hambre de donut y un maletín provisto de la más puntera tecnología.

El trepidante cortometraje debió de encandilar a la directiva del estudio Blue Sky (por entonces, filial animada de la 20th Century Fox), quienes estrenaban ese año la tercera entrega de su saga más exitosa: Ice Age: El origen de los dinosaurios, y estaban en proceso de desarrollo de otro interesante film animado protagonizado por aves: Rio. Así que compraron los derechos de la historia a Martell y empezaron lentamente a cocinar un film que no vería la luz hasta 10 años después.

Poco queda del cortometraje original en la última película de Blue Sky, más allá del nombre del protagonista, la situación de la base central de los espías en Washington D.C. y la presencia de palomas. En el largometraje, la historia se centra en dos personajes: Lance Sterling (Will Smith), la gran estrella del grupo de espías, y Walter Beckett (Tom Holland), un profesional en prácticas del departamento de ingeniería. Ambos tendrán que apartar sus diferencias para derrotar a un terrible villano de maquiavélicos planes. Es decir, estamos ante la que podría ser la enésima película de la saga Bond, incluso los títulos de crédito iniciales son un claro homenaje a los que hicieron grande a Saul Bass, con el aliciente de que la que la animación le ayuda a ser un poco más fantástica en ciertos aspectos, sin ser excesivamente surrealista.

Es interesante como los directores noveles, Nick Bruno y Troy Quane, han sabido concatenar las acciones de la trama con absoluta gracia, ayudados por la ídem de una animación por ordenador perfectamente pulida y diálogos salpicados por chispas de genial comicidad –sirva de ejemplo el momento en el que el agente Sterling llama Roomba a un dron asesino–. Asimismo, se permiten el lujo de introducir con atino secuencias de animación de personajes gomosos y flácidos, sin esqueleto, al más puro estilo Simon Christoph Krenn. La valentía es digna de aplauso.

Que nadie espere, empero, encontrar un final sorprendente. Eso sí, este film, el primero de Blue Sky bajo el enorme paraguas del ratón de bermudas rojas (el estudio de animación iba dentro del pack en la compra de Disney a Fox) cuenta con un desenlace tan correcto que permite que soñemos con una secuela.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Solan & Eri, misión a la Luna, una experiencia de cine

Cada nueva edición de Mi primer festival de cine es mejor que la anterior. Se nota en la cuidada colección de cortos y largos de animación que seleccionan para diferentes rangos de edad, que va desde los 2 años hasta el más allá, en los patrocinadores que consiguen, en el ambiente de peques, padres y madres previo y post sesión, y en detalles, que pudieran parecer tontos, como las guías que diseñan y entregan para que los asistentes obtengan el conocimiento mínimo que les haga disfrutar a tope de lo que van a ver.

Los que vivimos en Madrid o Barcelona tenemos la suerte de estar en el mes en el que se celebra este atípico festival, con sede en diferentes cines de ambas ciudades y localizado temporalmente en tres fines de semana. Tenéis toda la info de pases, fechas y demás información en los siguientes enlaces:


El pasado sábado mi hijo y yo nos acercamos a los cines del Palacio de Hielo de Madrid con motivo de la proyección de la película noruega Solan & Eri, misión a la Luna. Se trata de la tercera entrega de la trilogía de Flåklypa, que ha realizado el director Rasmus A. Sivertsen con el apoyo y talento de todos los integrantes del estudio Qvisten Animation (entre ellos algunos españoles como Óscar Rodríguez, Álvaro Alonso, Teresa Pérez o Marcos Valín), el más importante en animación stop-motion y CGI del país. Esta saga de películas centradas en la inexistente villa de Flåklypa toma como base historias y personajes populares de la narrativa nórdica creados por el autor e ilustrador Kjell Aukrust en los años sesenta. Estos libros llegarían a manos de Ivo Caprino, un titiritero de ascendencia italiana que vio potencial para realizar una serie para televisión en stop-motion; sin embargo tuvo la fortuna (y digo bien) de no encontrar quien le financiara el proyecto, por lo que decidió utilizar los muñecos que ya había creado para realizar el único largometraje de su filmo-grafía: Flåklypa Grand Prix (1975), estrenado por estas tierras de forma discreta bajo el nombre de Gran Prix en la montaña de los inventos. El éxito de esta película fue arrollador, debido a un diseño de personajes excelente, una animación cuidada, una banda sonora que llega al alma (que recientemente ha versionado el joven dj Alan Walker), y especialmente por contar con una de las mejores carreras de coches de la historia del cine (que hay quien dice que sirvió de base para la escena de la carrera de vainas del Episodio I de Star Wars). Para que os imaginéis el nivel de éxito de la película, aquí va un dato de wikipedia: se vendieron 5,5 millones de entradas en Noruega, un país que cuenta con una población de 5 millones de habitantes. Aquello catapultaría a los personajes de Flåklypa a la categoría de iconos de la cultura pop del país.

Por eso no es raro pensar que cuando Qvisten Animation decidió empezar su andadura en el siempre peligroso terreno del largometraje en stop-motion, y entiéndase peligroso en el sentido de la pasta, miraran directamente a las historias creadas por Kjell Aukrust, en concreto a todas ellas que tenían como protagonistas al pato lanzado Solan, al erizo pausado Ludvig y al inventor rubegolberguiano Reodor Felgen. En 2013 lanzaron Solan og Ludvig - Jul i Flåklypa, una cinta navideña, a la que siguió la road movie Solan og Ludvig: Herfra til Flåklypa (2015), para culminar en 2018 con la cinta espacial Månelyst i Flåklypa. Comentaré esta última, cuya experiencia de visionado, en pantalla grande y doblada al castellano, me pareció un lujazo.

Un vacío burocrático deja la posibilidad abierta de que cualquier país pueda ir a la Luna y conquistarla. Todos los países ponen entonces sus programas espaciales en marcha, pero será el cohete de Reodor Felgen, reparador de bicicletas del pueblo noruego de Flåklypa el único que conseguirá despegar. La nave será comandada por un funcionario del estado y el valiente Solan, pero un accidente provocará que el apocado Eri (Ludvig en el noruego original, y Luca en la versión internacional) también los acompañe en esta aventura galáctica.

La película se divide en tres tercios claramente diferenciados: la preparación de la misión espacial, el viaje de la Tierra a la Luna y el conflicto que plantea hacerse con un espacio interestelar que no debiera pertenecer a ninguna nación. 

Como en los dos largometrajes anteriores, da gusto perderse en los detalles de cada uno de los personajes principales; un diseño que, sin embargo, queda algo afeado en esta película por los caretos abultados de algunos de los personajes humanos, resultado especialmente inquietante el de los dos dirigentes políticos y el de la reportera jefa de informativos. Serán justamente estos personajes los que sirvan de diana para las críticas más adultas (y valientes) que hace Rasmus A. Siversten por medio de la película: de la falta de escrúpulos de la administración central a la extrema vanidad e inoperancia de la administración local, pasando por la lucha de egos de los trabajadores de la televisión. 

El attrezzo y escenarios son uno de los grandes puntales del valor artístico de la película, con un cohete de proporciones enormes construido ad hoc que realmente impresiona tanto en el metraje de delante de las cámaras, como de de detrás de las mismas (al final de esta entrada podéis encontrar alguna imagen). Por otro lado, los muñecos y las cámaras se mueven con un nivel de animación de primer nivel, que combinado con el excelente ritmo hacen que la carrera espacial se nos pase en un suspiro.

Tras la película, los asistentes tuvimos la alegría de contar con el guionista de la película: Karsten Fullu, quien dio una micro master class sobre cómo fue realizada la película, además de aguantar como un campeón las preguntas que le hicieron las niñas, niños y madres de la sala, siendo estas últimas las que le pusieron contra las cuerdas al tachar su guion de machista. No les faltaba razón, al fin y al cabo los dos únicos personajes femeninos de la película son absolutamente odiosos, pero el señor Fullu alegaba que se basaba en las historias de Kjell Aukrust, quien en los sesenta no prestaba demasiada atención a estas importantes causas. Sería como criticar las películas de Mortadelo y Filemón de Fesser por machistas, cuando se basan en un universo cultural creado hace más de cincuenta años. En fin, un tema la mar complicado.