viernes, 19 de diciembre de 2014

PON UN BRONCE DE HARRYHAUSEN EN TU VIDA

El cine de animación stop-motion permanece eterno en las pantallas de cine, sin envejecer un ápice. Los muñecos lucen con total esplendor, recién salidos de sus moldes y posteriormente limpiados de todas las impurezas y maquillados para dar su mejor cara ante las cámaras. Sin embargo, una vez el rodaje ha sido acometido, los puppets acaban con secuelas como rajas en sus finas pieles de látex, holgura en sus huesos de metal o, en el peor de los casos, desmembramientos de las partes más débiles de sus frágiles cuerpos.

El paso del tiempo y las manos del animador acaban con su efímera vida.

Esa idea debió obsesionar a Ray Harryhausen una vez que decidió retirarse del mundo del cine, allá por los años ochenta. Ver a sus criaturas, que no monstruos (él odiaba que las llamaran así), envejecer como él no debió de resultarle fácil. Así que pensó en la forma de convertirlas en seres eternos más allá del cine. En el bronce halló la solución.

Así, con gran paciencia fue dando vida, primero en arcilla y posteriormente en metal, las escenas que él consideraba más importantes de sus películas: Un cromañón contra un ceratosaurio (Hace un Millón de Años), Perseo haciendo que Medusa se convierta en piedra al mirarse en su impoluto escudo divino (Furia de Titanes), un náufrago de mediados del siglo XIX montado en un antediluviano phororhacos (La Isla Misteriosa), Talos en toda su magnificencia (Jasón y los argonautas), o King Kong machacando a un T-rex en la Isla Calavera (King Kong, en esta película Harryhausen no trabajó pero fue la causante de que quisiera dedicarse a los efectos especiales).

Los bronces quedaron increíbles (pueden admirarse en preciosas fotos en las páginas finales del muy recomendable libro The Art of Ray Harryhausen), y tienen un lugar de honor en la colección de The Ray and Diana Harryhausen Foundation. Por suerte, son piezas que normalmente se exponen en las muestras del arte del maestro que se han venido realizando en varias partes del globo en los últimos años.

Pero para los grandes fans puede que sea suficiente.

Buscando suplir esas ansias de poseer una figura realizada por las mágicas manos de Ray, y con un claro filón comercial, la armería inglesa Raven Armoury entró en contacto con la Foundation para realizar series limitadas de los legendarios esqueletos de Jasón y los argonautas, en bronce. Los Hijos de la Hidra (The Children of The Hydra) es como se denomina esta lujosa colección en referencia al origen de estos huesudos guerreros (recordemos que tras dar Jasón muerte a la Hidra, el rey Eetes recoge los dientes de la criatura y los esparce por el suelo como quien siembra tomates. Sin embargo, en vez de inofensivas hortalizas, la cosecha da como resultado un batallón de siete esqueletos armados con sed de sangre de argonauta).


La suerte quiso que hace unas semanas, dos de los bronces realizados en la armería llegaran a nuestra humilde morada para que habláramos de ellos... para luego volver a England; así que vamos allá. Que decir tiene que fue todo un acontecimiento. Cúter en mano, procedimos al desembalaje de forma concienzuda, hasta que una vez liberadas de todo cartón y plásticos aparecieron ante nuestros ojos un par de cajas negras decoradas con un logo de la Foundation como si estuviera marcado a fuego. Al abrir las cajas encontramos dos preciosas esculturas de bronce de los esqueletos en diferentes posiciones, de hecho se trata de las versiones delta y épsilon de una colección compuesta por ocho figuras, que pueden adquirirse a través de la web de la armería: http://www.raven-armoury.co.uk/CoTH/set.html (Si os animáis, decid que venís de Puppets & Clay y utilizar el código promocional “KILL THEM ALL”, pues conseguiréis 10% de descuento y gastos de envío gratuitos si hacéis el pedido en Diciembre).

Cierto es que no somos del todo objetivos, el amor por el cine de Ray Harryhausen es algo que nos ha acompañado siempre y muy probablemente lo haga toda nuestra vida porque pertenece a nuestro reducto más puro de nostalgia infantil, pero siendo todo lo imparciales que podemos hemos de anunciar que las esculturas son auténticas joyas. Las proporciones son perfectas, el acabado tiene todo lujo de detalles y la posición inmóvil es realmente amenazante, parece que vayan a romper su “piel” metálica y salir con su esqueleto al desnudo a por nuestra sangre. Molaría, ¿no?


Por si fuera poco, la Raven Armoury no se ha quedado ahí, sino que ha querido ampliar su catálogo harryhauseniano. Ahora están trabajando en dos versiones de Talos en bronce, una al tamaño del original y para la que han utilizado el molde creado por Ray en los sesenta para dar vida al “enorme” titán de casi 50 cm (19”), y otra de la mitad de tamaño para los coleccionistas con poder adquisitivo más moderado. Todo un objeto de culto que puedes adquirir en este enlace: http://www.raven-armoury.co.uk/CoTH/talos.html