sábado, 8 de julio de 2023

VERBENA EN MUÑECÓPOLIS: PRESENTACIÓN EN ALCALÁ

Ayer, fecha marcada por el pañuelo rojo atado al cuello y las carreras de astados por la calle Estafeta, tuvo lugar en Alcalá de Henares la presentación de mi último ensayo: "Historia del cine de animación stop-motion español 1912-1975. Verbena en Muñecópolis" (Desfiladero Ediciones). El sarao fue presentado por mi buen amigo Pedro Toro (director creativo de Alcine, entre otros quehaceres de freelance), que expresó perfectamente el asalto a la lógica que supuso que el salón de actos del antiguo hospital Santa María la Rica estuviera lleno para acoger la presentación de un libro que versa sobre cine, sobre cine español, sobre cine español vetusto y, para mayor rareza, sobre cine español vetusto realizado en stop-motion.

Arrancamos con los agradecimientos y dimos muy pronto paso al descacharrante book-trailer que el padre de la plastilina animada de nuestro país, el ínclito Pablo Llorens, ha tenido a bien regalarme (un sueño para el que escribe esta entrada, como podréis imaginar los que habéis seguido las andanzas de este apolillado espacio web desde sus inicios):


Como picado por el presentador en plastilina que parecía haberle robado protagonismo, Toro se quitó la gorra, se remangó su camisa de mangas cortas y empezó a lanzarme preguntas sobre el origen y desarrollo de este proyecto de recuperación de nuestra memoria animada, a raíz de mis visitas a archivos estatales de todo tipo: Filmoteca Española, filmotecas regionales, Biblioteca Nacional, Archivo General de la Administración, etc...; así como a los encuentros digitales, telefónicos y, en el mejor de los casos, en persona con los realizadores comentados en el ensayo o con sus familiares más directos.

Tuvimos además la inmensa suerte de contar con un invitado de excepción: Enrique Nicanor, director de la primera serie de animación española concebida expresamente para televisión: Las aventuras de Mumú. Escuchar sus vivencias aprendiendo animación en Cuba y Francia, sus luchas dentro de RTVE y su contundente alegato de queja por el terrible abandono de nuestro patrimonio fílmico y, por ende, cultural, fue verdaderamente emocionante.

La charla entre amigos fue amenizada con diapositivas y fragmentos de vídeo que nos fueron guiando hasta el final; en concreto proyectamos clips de los siguientes trabajos analizados en el libro:

- El intrépido Raúl / La princesa y el dragón (Feliciano Pérez y Arturo Beringola, 1936/47).
- Jazz funcional (Paul Casalini y Marcel Breuil, 1958).
- Sol de Andalucía (Francisco Macián, 1959).
- Las aventuras de Mumú: El espantapájaros (Enrique Nicanor, 1967).
- Habitat (Baca i Garriga, 1971).

El epílogo, que en este tipo de eventos es, lógicamente, la firma de ejemplares, fue igualmente emotivo, dado que vinieron a verme incondicionales familiares y amigos, que soportan y dan sentido a mis obsesiones, además de algunos familiares directos de los cineastas comentados en el ensayo, con los que había hablado por teléfono durante la fase de investigación, pero que hasta ayer no conocía en persona: Dr. Joaquim Maria Puigvert Solà (hijo de Joaquim Puigvert Pastells, realizador en 1960 de Metamorfosis, la película de plastilina animada española más antigua que se conserva) y José Javier Pérez (nieto de Feliciano Pérez, codirector de El intrépido Raúl, la película española íntegramente de muñecos animados más antigua de la que existe copia en nuestras filmotecas). Un lujo.

El autor con Enrique Nicanor

El autor con el productor David Castro
El autor con el Dr. Joaquim Puigvert, que vino desde Girona a la presentación.

miércoles, 17 de agosto de 2022

LOS ADDAMS EN STOP-MOTION

Ahora que salen las primeras imágenes de la versión de Tim Burton de The Addams Family, me viene a la cabeza noticia de 2010 en la que anunciaba que su idea era realizar un largometraje de animación stop-motion  basado en las tiras cómicas de Charles Addams:


Al final aquello fue yendo de un lado para otro sin terminar de concretarse, si bien daría pie a dos películas de animación por ordenador estrenadas recientemente, las cuales técnicamente son correctas y poseen algún gag inspirado, pero a nivel general son muy olvidables.

Todavía albergo la esperanza de que Burton incluya alguna escena en stop-motion en esta adaptación en imagen real para Netflix, al igual que hizo en la intro de Ed Wood (1994) o en El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (2016), si bien de momento me contentaré con ver los breves planos animados de Cosa que Doug Beswick realizó para La familia Addams (1991) y con admirar este par de preciosos muñecos animables, creados por Thomas R. Dickens, de aquella divertida secuela titulada La familia Addams: La tradición continúa (1993).

viernes, 5 de agosto de 2022

LA PELÍCULA PERDIDA DE INGO CUTBIRTH

Hace unas semanas, el bueno de Jordi Costa me escribió el siguiente mensaje: "Adrián, ¿sabes que tienes que leerte Mundo hormiga, la novela de Charlie Kaufman? Son casi mil páginas en torno a una película stop-motion de tres meses de duración". Nada más agradecer el chivatazo, moví mis maltrechos hilos para conseguir un ejemplar de la edición en castellano que la editorial Barrett publicó a finales del año pasado.

Se trata de la primera novela de Charlie Kaufman, a quien los seguidores de este espacio tendrán en estima por su estupenda Anomalisa (codir. Duke Johnson, 2015), adaptación de una surrealista obra de teatro del propio autor ejecutada con una cuidadísima y, desde luego, atípica animación sobre unos muñecos de acabado realista anti-uncanny valley. En Mundo Hormiga, Kaufman pone el foco en un crítico de cine al que los avatares le deparan una vida penosa aunque repleta de surrealismo imprevisible. 

B. Rosenberger Rosenberg es un cuarentón/cincuentón que viene de estudiar en Harvard y de realizar ponencias y artículos por doquier sobre cualquier tema relacionado, aunque sea tangencialmente, con el cine. El tipo adora a Jud Apatow sobre todas las cosas, de los Anderson solo puede con Wes (Wanderson > Panderson) y odia profundamente a Charlie Kaufman. Una día la fortuna le sonríe puesto que le es dado el legado cinematográfico de un total desconocido: Ingo Cutbirh, un anciano centenario que acaba de terminar su primer largometraje. Se trata de una película de muñecos animados que lleva ejecutando desde que era adolescente, lo que ha dado como resultado una duración total de tres meses. No contento con esta hazaña y motivado por realizar la película más impactante y veraz de la historia de la humanidad, Cutbirth ha decido confeccionar los muñecos de los personajes no visibles en la trama, a los que también ha animado, aunque, claro está, no ha filmado. Es su forma de tener en cuenta a las minorías social. Pero Rosenberger no tarda en joder su buena fortuna al destruir, por accidente, todos los rollos de esta inusual película.

A partir de la gran cagada, que sucede en las primeras cien páginas de este mamotreto de más de novecientas, la trama empieza a adentrarse en la mente psicótica del protagonista, que se verá abocado a dar todo de sí para recordar cada detalle del argumento de la película. ¡El mundo necesita conocer la obra de Ingo! Esto da pie al desarrollo de capas y capas de surrealismo que se van superponiendo unas sobre otras hasta conformar una realidad distópica que te atrapa hasta el final. La puesta en un pedestal de Cutbirth motiva a que aparezcan los nombres de grandes animadores de muñecos (todos estadounidenses) como Ray Harryhausen, Willis O'Brien, Art Clokey o Len Janson; al tiempo que, con atino, se introducen toneladas de referencias atípicas a la cultura pop (en las antípodas de Ready Player One). Tal es el extremo de ida de olla, que acabamos metidos en la mente de Donald Trump el día que va a Disney World a grabar el speech para su animatronic de la atracción The Hall of Presidents.

La novela de Kaufman te atrapa, aunque a veces uno se sienta tan perdido como su protagonista, y cumple lo que este genial guionista prometió en las entrevistas de presentación: "hacer una novela infilmable". Lo mejor, para quien escribe estas líneas, es su puesta en valor de las películas perdidas; valeroso trabajo de los investigadores que resuena con fuerza estos días en los que se ha anunciado el descubrimiento de una copia del cortometraje Entre pitos y flautas, realizado del pionero italo-argentino Quirino Cristiani en 1941.

sábado, 30 de julio de 2022

LA LUZ Y LA MAGIA DE ILM

Encontrar las pasiones de nuestra vida no siempre es algo sencillo. Recuerdo que de niño siempre me alucinó la animación, tanto en dibujo animado como en volumen, pero no fue hasta un momento determinado en el que caí en la cuenta de su mágica realidad: todos ellos salían de la mente y el trabajo duro de artistas. Ese momento preciso se produjo unas navidades de mediados de los noventa, cuando Papá Noel me obsequió con un ejemplar del libro Industrial Light & Magic: Into the Digital Realm (Mark Cotta Vaz, 1996).

Por entonces, no era capaz de leer en inglés, así que dedicaba las horas muertas a mirar y remirar las imágenes de detrás de las cámaras de los trabajos realizados por Industrial Light & Magic para grandes películas de fantasía y ciencia ficción: E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), Abbyss (Jamesa Cameron, 1989), Willow (Ron Howard, 1988),... al tiempo que iba apuntando mentalmente los nombres de aquellos fascinantes artistas estadounidenses, que siempre aparecían con caras de concentración en las instantáneas. Mientras mis compañeros de clase se sabían de carrerilla la plantilla del Real Madrid o del Barça, yo, que no disfrutaba demasiado del fútbol, convocaba en mi cabeza a otra alineación bien distinta. Phil Tippett, Ken Ralston, Dennis Muren, Joe Johnston, John Berg, Tom St. Amand, Dave Allen,... se convirtieron en mis ídolos. 

Poco tiempo después, llegaron a casa las ediciones especiales en DVD de esas y otras películas, que contenían estupendos documentales del proceso de creación de las mismas. Muchas veces disfrutaba más de esos extras que de los propios films, pues enseñaban los maravillosos trucos de aquellas escenas de las que tanto hablábamos en casa. Alucinaba especialmente con aquellas películas que contenían animación fotograma a fotograma, como El dragón del lago del fuego (Matthew Robbins, 1981), El chico de oro (Michael Ritchie, 1986) o Cariño, he encogido a los niños (Joe Johnston, 1989). Al igual que las películas de Ray Harryhausen o los cortometrajes de Aardman, nunca me cansaba de verlas en unas copias en VHS que acabaron arañadas. Aún hoy las disfruto plenamente y acudo a ellas cuando necesito evadirme de la realidad adulta.

Esa sensación reconfortante la he vuelto sentir esta semana. El motivo ha sido el estreno en Disney+ de la serie documental Light & Magic (Lawrence Kasdan, 2022).

Kasdan ha confeccionado un trabajo de investigación digno de ser premiado, realizando entrevistas a la mayoría de los grandes artistas que han trabajado en la empresa de efectos especiales que creó George Lucas en 1975, al tiempo que ha recuperado en alta definición un material de archivo que te deja con la boca abierta -y que nada tiene que envidiar al de The Beatles: Get Back (Peter Jackson, 2021), pese a no ser tan cacareado-. Lo mejor de todo es que Kasdan deja hablar a nivel técnico a los artistas, quienes se explayan en aquellas escenas que han resultado claves en el avance de los efectos especiales del cine: el rodaje de las naves de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977), las animaciones stop-motion de El imperio contraataca (Irvin Kersner, 1980), la vidriera viviente de El secreto de la pirámide (Chris Columbus, 1985), el temido T-1000 de Terminator 2:el juicio final (James Cameron, 1991),... hasta llegar a The Mandalorian (Jon Favreau, 2019-20).

Particularmente, he disfrutado muchísimo de las entrevistas a Ken Ralston, Phil Tippett y Doug Chiang, un grupo de outsiders que se quedaron prendados de las criaturas de Ray Harryhausen y que, tras intentar emular su trabajo mediante animaciones caseras, lograron convertirse en leyendas de ILM. Unos cortometrajes amateur que, para total goce de quien escribe estas líneas, aparecen (aunque sea solo en breves fragmentos) en la mencionada serie. 

Me alegra que Light & Magic este disponible a través de tres o cuatro pulsaciones del botón del mando a distancia de mi televisor, pues creo que voy a volver a él con preocupante asiduidad.

viernes, 29 de julio de 2022

UN LADRIDO PIXILADO

La divina obsesión de los animadores stop-motion por mover foto a foto cualquier elemento de su entorno, llega a extremos nigrománticos cuando el objetivo de su ralentizada filmación es un ser vivo. Para fortuna de la fisioterapia, a lo largo de la historia de la animación decenas de humanos han sufrido calambres y contracturas derivadas de posturas prolongadas durante horas, mientras un grupo de congéneres se dedica a mover su cara o articulaciones a poquitos. Grant Munro, Gustavo Cornillón, Julienne Mathieu, Pablo Angulo, Nick Upton,... son parte eminente de una lista interminable de humanos animados en la que también se encuentran, modestia aparte, los miembros de mi familia:

El dilema se plantea cuando el realizador decide animar un animal, el cual no es capaz de emitir juicio alguno acerca de sus ganas de someterse a un rodaje tedioso que, una vez finalizado, tampoco lo va a saber apreciar. La solución más radical: utilizar animales muertos adaptados convenientemente para soportar los avatares de la animación. Esta atípica variante de la taxidermia fue utilizada por el grandísimo pionero Ladislas Starewitch para conseguir filmar la lucha de un par de escarabajos objetores de conciencia. Sin embargo, pronto comprendió que lo más interesante no era copiar las reacciones naturales de los insectos, sino hacerles partícipes de historias imposibles; y rodó, para congratulación de generaciones y generaciones, la obra maestra La venganza del camarógrafo (1912).

Pero, por favor, ¿no hay alguna posibilidad de animar animales sin tener que recurrir a ese extremo? ¡Guau! En Rusia, ni más ni menos, realizaron (hace ya casi una década) un cartooniano anuncio publicitario en el que consiguieron animar a dos canes. El resultado es digno de verse, si bien sigue planteando dilemas morales... máxime cuando desconocemos si los perretes recibieron un salario en galletitas acorde a convenio.