La semana pasada llegó a mis manos una copia del libro Kihachiro Kawamoto - Animation and Puppet Master, editado por New Type Illustrated Collection en el año 1994, el cual estoy leyendo con calma; no porque mi japonés no sea muy fluido (¡ojalá fuera por eso!), sino porque quiero ir apreciando cada una de las producciones y datos que se van desgranando en el libro. En cualquier caso, no son muchas páginas (apenas unas 100), por lo que no creo que tarde mucho en dar la vuelta completa. Por cierto, para leerlo nada como tirar de fotos e IA (para esto sí que es una herramienta verdaderamente útil).
De entre las muchas fotos que recoge el libro me he parado hoy en esta en concreto:
Resulta que es un fotograma de una serie de anuncios de muñecos animados para la marca de jabón Mitsuwa, realizados por el estudio Shiba Productions a mediados del pasado siglo. En este estudio trabajaron los tres grandes pioneros del cine de muñecos nipón: Tadahito Mochinaga (1919-1999), Tadanari Okamoto (1932-1990) y el propio Kihachiro Kawamoto (1925-2010), quienes tuvieron mucho trabajo con las tres chicas de estos anuncios pues se volvieron muy populares en la recién estrenada televisión. Los diseños son obra de Shigemi Hijikata (1915-1986) que está considerado como uno de los pioneros del estilo kawaii y entre las actrices que prestaron su voz para las muñecas se encuentra Tetsuko Kuroyanagi (1933), quien fue grabada mientras decía sus frases para que posteriormente los animadores replicasen sus movimientos en las muñecas. Unas figuras que no sobrevivieron al paso del tiempo pero que, sin embargo, Kawamoto las volvió a crear para el museo que lleva su nombre, el Museo de la Marioneta Kihachiro Kawamoto, situado en la ciudad de Iida (prefectura de Nagano).
Comparto aquí los anuncios de esta colección que he podido encontrar en la red de redes:
Asimismo, recomiendo ver este vídeo de María Lorenzo para quienes queráis ahondar más en la figura de Kawamoto:
La Navidad es siempre un buen momento para acercarse a las películas de muñecos animados, como marcan las tradiciones de la televisión estadounidense. Y de ser así, que mejor manera que echar la vista atrás para ver alguno de los trabajos del pionero español Salvador Gijón (1902-1981), a quien de hecho Filmoteca Española ha dedicado interesantísimas acciones en las navidades de los últimos años:
2022: Proyección en la Sala B del Cine Doré del cortometraje La venganza del brujo (1945) —seleccionados por un servidor y que fue acompañado por otros cortometrajes de stop-motion españoles con solera, así como el primer largometraje realizado con esta técnica en nuestras tierras: Juego de niños (Pablo Llorens, 1999). Enlace al programa.
2023: Recuperación digital de parte de su filmografía, remontada y puesta a disposición de los degustadores del cine añejo en su canal de Vimeo (solo durante mes). Enlace al programa.
Este año, Filmoteca Española nos hizo un regalo navideño adelantado a los que admiramos y divulgamos la obra de Salvador Gijón: la digitalización del cortometraje documental Tiros y pistolas, realizado por la productora Hermic Films en el año 1944.
El documental muestra el proceso de fabricación de pistolas en una fábrica española de altos hornos, lo cual ciertamente ya es de por sí interesante dada la cantidad de trabajo artesanal que había detrás de la creación de esta herramienta mortal en aquella época. Sin embargo, lo que realmente llamará la atención a los amantes de la animación es la secuencia introductoria de muñecos animados realizada por Gijón, quien es interrumpido en plena labor de animación...
Esta secuencia, única en la filmografía de Gijón, es toda una delicia en sí; pero recomiendo encarecidamente que los que hayáis llegado a este punto, accedáis al siguiente enlace para ver el cortometraje completo en la plataforma de video streaming Platfo, una encomiable iniciativa pública gratuita de difusión del patrimonio cinematográfico y audiovisual español:
Por mi parte, quiero ampliar este regalo navideño, extrayendo el texto que redacté sobre esta película en mi libro Verbena en Muñecópolis, historia del cine de animación stop-motion español (1912-1975), editado por Desfiladero Ediciones en 2023, así como con una digitalización de las fotografías de rodaje que la familia de Gijón me legó dado mi interés en su figura. Espero que resulte de vuestro interés:
En aquel momento, hablamos de
principios de 1944, Hermic film tenía en desarrollo un cortometraje documental
que, de acuerdo al guion presentado a Censura[1],
se trataba de una película sobria sobre la fabricación de armas de fuego. Sin
embargo, en plena producción Hernandez Sanjuán decidió incluir un hilo
narrativo cómico al inicio y al final de la película, encontrando lo que
buscaba en los muñecos animados de Salvador Gijón. Ambos unieron fuerzas y
sacaron adelante Tiros y pistolas (1944), un corto documental de 300
metros (10 minutos) rodado en 35 mm que fue dirigido por el propio Hernández
Sanjuán; fotografiado por Segismundo “Segis” Pérez de Pedro (1887-1984) y
producido por los hermanos José y Luis Torreblanca Ortega (1914-¿?),
colaboradores de confianza de Manuel Hernández-Sanjuán (1915-2008).
Es esta la película de animación
de muñecos de Salvador Gijón más antigua que se conserva, así como la segunda
más antigua de este género —insistimos, que actualmente se conserva— de
toda la historia de nuestra cinematografía.
(...) De toda la parte animada,
la más fascinante es cuando los muñecos se quedan quietos y son cogidos en su
total estatismo por Salvador Gijón, borrando de golpe la ilusión de su vívida
autonomía, pero ofreciendo al espectador la pista fundamental para entender
cómo se consigue su movimiento: por el arduo trabajo de un humano que lo mueve
poco a poco. El documental, por lo tanto, ilustra al espectador no solo en el
proceso de fabricación de las armas, sino también en el aspecto fascinante del
rodaje fotograma a fotograma de muñecos animados. Intuimos que el film no tuvo
una gran difusión; si no, es inexplicable que otros españoles no se lanzaran
desde entonces a hacer sus propios proyectos con esta técnica.
La película, además, cuenta con
una iluminación excelente, no solo durante el metraje en el que se explica
pormenorizada y plúmbeamente el proceso de fabricación de una pistola, sino
especialmente en las secuencias iniciales de ese cruce de calles en miniatura
en plena noche. Segis Pérez de Pedro hizo un trabajo formidable que, en pleno
rodaje, debió de alucinar a Salvador Gijón. Se hicieron entonces amigos, si
bien es posible que ya se conocieran de antes, pues Segis fue el operador de
cámara que tuvo Adolfo Aznar en Colorín. Segis enseñó a Gijón algunos
importantes trucos de la iluminación en miniatura y Gijón se lo agradeció de
por vida, dado que el nombre de Segismundo Pérez de Pedro siguió apareciendo en
los créditos de las obras creadas por Gijón hasta finales de los sesenta, pese
a que Segis no tocó la cámara durante la filmación de ninguno de los
cortometrajes de Gijón de esa década[2].
La colaboración de Salvador Gijón
en Tiros y pistolas mediante sus muñecos animados, coincide en el tiempo
con el inicio de una fructífera etapa de su filmografía como operador de cámara
en films de imagen real de eminente carácter instructivo. Así, a las órdenes
del director y productor Ernesto González (1870-1949), y financiados por el
Ministerio de Obras Públicas, realizará Rutas nuevas (1943), Rías de
La Coruña-Betanzos y Noya (1943), Ferrocarril de Coruña a Santiago (también
como guionista, 1943), La locomotora Santa Fe (1944), Pantanos (Las
Torcas y La Sotonera) (1945) y Puerto de Barcelona (1945).
(...) Todos estos trabajos
alimenticios quedaron pronto en segundo plano cuando Tiros y pistolas recibió
un premio sindical de 10000 pesetas. Aquello animó a
que Hermic Films apoyar decididamente a Salvador Gijón en su gran proyecto
cinematográfico a pequeña escala: La trilogía de rapto en palacio, que
estaría compuesta por los cortometrajes Rapto en palacio (también Un
rapto en palacio), La venganza del brujo (en un principio iba a
llamarse La venganza de Malastripas) y La reina vencida (también
titulada La reina Murriega vencida).
Mientras que el mundo audiovisual parece que avanza a pasos agigantados hacia una realidad sintética creada a golpe de prompt, se comprueba que los espectadores se siguen quedando anonadados con películas de trucajes, como en los inicios del propio cine.
Georges Méliès (1861-1938), Segundo de Chomón (1871-1929) y Émile Cohl (1857-1938) se hicieron con un nombre destacado en los primeros años del cinematógrafo en la cuna del cine gracias a su enorme inventiva en los llamados films à trucs, aquellos films en los que la narrativa importaba muy poco, pues el atractivo estaba en el espectáculo del propio truco —directamente derivado de los espectáculos de magia, claro—. Así, realizaban películas cortas, como Escamotage d'une dame chez Robert-Houdin (Escamoteo de una dama en el teatro Robert-Houdin, Méliès, 1896) o Les œufs de Pâques (Los huevos de Pascua, Chomón, 1907), que hacían preguntarse al que las veía: ¿cómo leches lo habrán hecho?
A día de hoy sucede lo mismo con los vídeos cortos que cuelga en redes sociales el portentoso animador estadounidense Kevin Parry (1994), hasta el punto que se le apoda en la red como "video wizard". Su cortometraje de escuela The Arctic Circle (2010) fue el que le abrió las puertas de la industria de la animación, y más concretamente las de Laika, motivando que su nombre aparezca en los créditos de largometrajes como Los Boxtrolls (2014), Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016) y Mr. Link: El origen perdido (2019) —la fotografía de aquí abajo lo demuestra.
Todo apunta a que el parón que ha sufrido Laika en los últimos años —lo que ha motivado el aplazamiento de su siguiente película, Wildwood—, unido al confinamiento de la COVID, hicieron que Parry tuviera más tiempo para desarrollar su talento como video wizard, lo que le posiciona actualmente como un auténtico maestro en la creación de videos cortos con trucajes que cualquier seguidor que los ve se pregunta: ¿cómo leches lo habrá hecho?
Tengo la inmensa suerte de contar con una red de amigos que, antes de tirar o donar cualquier elemento relacionado con el cine de animación... ¡me dan un silbidito! Es así como acaban en mi casa libros tan alucinantes como "Walter Lantz Story with Woody Woodpecker and Friends", escrito por Joe Adamson en 1985. Este ensayo cuenta de manera amena toda la alucinante vida de Walter Lantz (1899-1994), desde que su familia italiana con apellido Lanza se asentó en los Estados Unidos hasta las visitas de él y su mujer, Grace Stafford (1903-1992) —famosa por darle voz al Pájaro Loco en su última etapa—, a los hospitales de Asia durante la guerra de Vietnam. Entre medias está la historia de un titán del dibujo animado, que afrontó drásticos cambios de la industria cinematográfica (en paso al cine sonoro, la llegada de la televisión, etc.) desde una posición privilegiada.
¿Por qué traigo a este espacio (en principio destinado a la animación stop-motion) a un personaje como Walter Lantz? Pues porque en el mencionado libro Adamson alude a unos anecdóticos trabajos desarrollados por Fred Burnish (1902-1952), artista de fondos del estudio Lantz, durante la Segunda Guerra Mundial.
En concreto lo que dice es lo siguiente:
"El estudio también emprendió una serie de películas instructivas para la Armada, utilizando animación stop-motion de aparatos reales, maquetas de acorazados y efectos de iluminación en lugar de la animación tradicional de celuloide al estilo Bray, siendo pionero en el uso de un plástico llamado Lucite cuando se necesitaba material transparente y el vidrio resultaba demasiado inconsistente. El estudio produjo veintidós películas en veintiocho meses, mientras mantenía con Universal la producción regular de cortometrajes de dibujos animados para cines. El artista de fondos Fred Brunish realizó gran parte del trabajo de stop-motion, a puerta cerrada junto a la sala de guion".
Aunque he encontrado información y material interesante sobre el trabajo de Burnish en el campo de los fondos, sobre todo en el maravilloso blog estadounidense especializado en dibujo animado clásico Tralfaz (entrada 1, entrada 2), no he conseguido localizar ni una sola película propagandística realizada en Estados Unidos durante la WW II que incluya una animación como la que se comenta en el libro. Bien es cierto que es un material cinematográfico que no ha trascendido en su totalidad hasta nuestros días y que yo he hecho una revisión del material disponible en internet de una forma muy tangencial, viendo unos pocos fotogramas al azar.
Pero es una pena porque quizás tuviera un acabado cercano a los trabajos que realizó Ray Harryhausen (1920-2013) durante el conflicto internacional: How to Bridge a Gorge (1942) y Guadacanal (1942). Por cierto, dos trabajos que hizo en su tiempo libre con el objetivo de demostrar las posibilidades de la animación stop-motion como herramienta didáctica entre las tropas. Y razón no le faltaba. De hecho, el mismísimo Frank Capra (1897-1991) que por entonces estaba al frente de la dirección cinematográfica del ejército estadounidense acabó contratando a Harryhausen para realizar trabajos técnicos en las películas que se realizaban para alentar, adiestrar y entretener a las tropas.
Entre esos trabajos de entretenimiento destacaban los protagonizados por tres personajes de dibujo animado: Grandpa Pettibone, Trigger Joe y, especialmente, Private Snafu. Para este último, Capra contó con los servicios del departamento de animación de Warner Bros. (es decir, del estudio de Leon Schlesinger), así como de Industrial Film and Poster Service, que terminada la guerra cambiaría su nombre a United Productions of America (¡la UPA!). Es curioso que Ray Harryhausen también contribuyó a engrandecer la figura de Private Snafu con un par de esculturas que sirvieron de base para dos portadas de la revista bélica Yank.
Resulta que volver a escribir en este espacio con una periodicidad semanal me está gustando mucho. No me voy a (auto)obligar a nada pero verdaderamente creo que es un buen lugar para contar algo interesante con cierta periodicidad, al menos con más espacio del que dejan las redes sociales. Soy consciente de la cantidad de lectores no tiene nada que ver con publicar en Facebook, pero también esto permite un mejor acceso a publicaciones antiguas. Y, como ya he dicho en algunas entrevistas que me han hecho cuando he sacado libro, yo escribo para mí. Es decir, para tener controlado donde dejo cierta información para que me sea muy sencillo volver a ella cuando lo necesite.
Por cierto, y hablando de libros... ¡este sábado estaré en la Feria del Libro de Madrid! Concretamente en la caseta 115, perteneciente a la mejor editorial del mundo mundial: Diábolo Ediciones, entre las 20.00 y las 21:00 h. Allí podréis llevaros dedicados cualquiera de los cuatro libros que ellos me han publicado, además de compartir un momento de charla agradable sobre nuestro maravilloso cine animado.
La semana pasada pude ver el documental El mismísimo Pee-wee (Pee-Wee as Himself, Matt Wolf, 2025), que cuenta con dos partes que suman en total 205 minutazos. Y aunque parezca una barbaridad de metraje, se pasa muy rápido pues la vida de Paul Rubens (1952-2023) desde luego que da para eso y mucho más —de hecho el docu indica que se rodaron más de cuarenta horas—. Y una parte muy importante del mismo tiene que ver, como no podía ser de otro modo, con Pee-Wee's Playhouse (1986-90).
Pee-Wee's Playhouse fue una apuesta arriesgadísima de trasladar una obra de teatro sobre un ficticio programa infantil en el que había continuamente dobles sentidos que hacían referencia al sexo y a otros temas adultos. Enterrando esos guiños adultos, Paul Reubens tuvo total libertad para crear uno de los programas más surrealistas y únicos de la televisión, apoyándose ciegamente en un grupo de artistas comandados por Gary Panter (1950), para el diseño de escenarios y personajes, y Prudence Fenton, responsable de la contratación de los diversos animadores que crearían animaciones originales para el programa. Entre los contratados en la primera temporada estaban Nick Park (1958) y Richard Starzak (por entonces conocido como Richard Goleszowski, 1959), unos ingleses que aún no conocía prácticamente nadie...
En aquel momento, ambos acababan de terminar su participación en el mítico videoclip Sledgehammer (1986), en el que Peter Gabriel (1950) se dejó hacer todo tipo de perrerías animadas dirigidas por Stephen R. Johnson (1952-2015) y llevadas a cabo por los hermanos Quay (Stephen y Timothy, 1947) y los jovenes talentos de Aardman Animations. Sledgehammer se convirtió en el videoclip más importante del momento y eso llamó la atención de los productores de Pee-Wee's Playhouse, quienes contrataron rápidamente a Johnson para que dirigiera algunos capítulos de la primera temporada. No he encontrado referencias directas al respecto, pero estoy seguro que fue Johnson quien solicitó que los animadores de Aardman se encargaran de un personaje ideado entre Reubens y Panter: Penny, una niña de plastilina con centavos de dólar (copper pennies para los yankis) en lugar de ojos a la que daba voz la actriz infantil Anna Seidman.
Así, durante la primera temporada de la serie, Park y Starzak se encargaron de realizar las breves animadores de este personaje, eligiendo para ello una solución más rápida que la usual animación stop-motion de muñecos. En vez de crear escenarios tridimensionales y rodar con la cámara en frontal, realizaron una cámara multiplano y movieron a Penny en un mundo bidimensional que, sin embargo, llegaba a niveles de expresividad muy cercana a la del dibujo animado.
Los aardmanitas decidieron no continuar en la segunda temporada del programa, pues querían hacer trabajos autorales que, en poco tiempo, les convertirían en estrellas de primer nivel en el mundo del cine animado. Nick Park terminó por fin su proyecto de escuela, con el que llevaba más de cinco años pringado —Una gran excursión (A Grand Day Out, 1989)—, y también el Oscarizado cortometraje Creature Comforts (1989); mientras que Richard Starzak realizó el siempre reivindicable Ident (1990), en el que hacía acto de presencia un extraño perro de plastilina animada sobre cristal que acabaría protagonizando su propia serie: Rex the Run (1998-2001).
Reubens y su equipo quisieron que, pese a la marcha de los aardmanitas, el personaje de Penny se mantuviera en las siguientes temporadas del programa. Así que contrataron a otro joven animador que, igualmente, tendría un brillante futuro en la animación. Craig Bartlett (1956), quien había aprendido los pormenores de la stop-motion en los Will Vinton Studios, participando en el largometraje The Adventures of Mark Twain (1985).
Bartlett llevó el mundo de Penny al punto álgido del surrealismo loco, convirtiendo al personaje secundario en uno de los más queridos del plantel del programa. De hecho, la juguetera Matchbox a punto estuvo de sacar a la venta una muñeca de Penny, aunque finalmente (y por desgracia) nunca pasó del prototipo.
Anuncio de la muñeca de la juguetera Matchbox.
La oportunidad que Reubens y los productores del programa dieron a Bartlett fue muy importante para que convenciera de su capacidad no solo crear sino también para dirigir trabajos de animación. Así, en 1993 presentó ante la cúpula de Nickleodeon su proyecto Hey Arnold!, que se acabaría convirtiendo en uno de los shows animados más importante de la cadena en la segunda mitad de los noventa. Por cierto, las animaciones primigenias de Hey Arnold! fueron realizada por Bartlett... ¡en plastilina sobre cristal!
Y aquí lo dejo por hoy. Hay mucha más animación stop-motion en Pee-Wee's Playhouse, pero tengo que ponerme a investigar sobre ello, así que lo dejó para más adelante. ¡Feliz semana!