lunes, 4 de diciembre de 2017

FRAME-BY-FRAME STOP MOTION, el libro de Tom Gasek

Tú, seguidor del cine fotograma a fotograma, metes Tom Gasek en IMDB y flipas con el listado de películas y series en las que ha trabajado este animador: Los Mundos de Coraline, Chicken Run: Evasión en la granja, Gumby Adventures,... Vamos, que lleva más de veinticinco años moviendo muñecos mediante stop-motion y el hombre ya sabe de lo que habla. Un conocimiento que comparte con sus alumnos en un instituto de Rochester, Nueva York, en el que trabaja como profesor, y también a través de su libro: Frame-By-Frame Stop Motion: The Guide to Non-Puppet Photographic Animation Techniques, del que ha salido una segunda edición en junio de este 2017.

El libro desgrana las subtécnicas menos comunes de la animación stop-motion, o mejor dicho, analiza la animación stop-motion que no se realiza mediante muñecos: la pixilación, la animación multiplano y el timelapse. A mí particularmente no me mola que se considere al timelapse como una forma de stop-motion, pues con esta técnica no se genera la ilusión de movimiento de nada, sino que se capta la realidad con una menor cadencia entre fotograma y fotograma que cuando rodamos en vivo.

En el libro, Gasek hace un recorrido histórico por los principales films de estas técnicas (que es lo que más me ha gustado del conjunto), desde el movimiento de muebles de El Hotel Eléctrico (Segundo de Chomón, 1908) hasta clásicos actuales como Luminaris (Juan Pablo Zaramella, 2011). Posteriormente pasa a explicar los principios de la animación stop-motion, antes de meterse a desgranar cada una de las técnicas, a las que dedica un capítulo por entero, así como algunos aspectos comunes a todas ellas, como la preproducción, la iluminación, o la postproducción. Especialmente interesantes resultan los capítulos que profundizan en cómo se hace la pixilación y la animación en multiplano, ya sea con arena, recortables, etc...

Se incluyen además gran cantidad de ejercicios explicados paso a paso, entrevistas a realizadores como Juan Pablo Zaramella, Corrie Francis Parks o Jamie Caliri, y testimonios de titanes de la animación como Terry Gilliam, Jan Svankmajer o Caroline Leaf.

En conjunto, un libro interesante para zambullirse en las subtécnicas más rarunas de la animación stop-motion, editado por CRC Press a un precio de 31,99 libras (unos 36 €).

domingo, 3 de diciembre de 2017

ONIÓN (Juan Pablo Zaramella, Argentina, 2016)

Uno de los primeros recuerdos de mi incursión en internet con fines indinajonescos, en esto de ver cortos stop-motion de otros lares se entiende, es el de toparme con un cortometraje sencillo pero bien animado y muy divertido que llevaba por título El desafío a la muerte (2001). La historia de un faquir contra una licuadora me gustó tanto que busqué quien era el responsable del mismo, un (por entonces) desconocido realizador argentino llamado Juan Pablo Zaramella.

A partir de ahí siempre he tenido puesto un ojo en lo que ha venido realizando, disfrutando a tope de sus más reconocidos trabajos como Viaje a Marte (2004), Lapsus (2007) o Luminaris (2011). Y sin embargo cuando tuve la oportunidad de conocerle en persona en la edición de Animadrid de 2009, le llevé una fotografía de aquel faquir de plastilina que tanto me gustaba para que me la firmase.

La última obra de esta genio bonaerense es la microserie coproducida desde Francia El hombre más chiquito del mundo, pero a nivel mucho más autoral su último film es Onión (2016). Un cortometraje incomprendido que no ha logrado seguir la senda del éxito festivalero de Luminaris (probablemente el cortometraje más premiado de la historia de la humanidad), pero que sin embargo en sus más de veinte minutos podemos disfrutar del Zaramella más absurdo, tanto en el plano del humor como de la propia animación. A mí me encanta.

sábado, 2 de diciembre de 2017

The Dinosaur and the Missing Link (Willis O'Brien, EEUU, 1915)

Parece que el libro Animando lo imposible; los orígenes de la animación stop-motion (1899-1945) se está retrasando en su llegada a las librerías, algo que confío ciegamente que estará solventado para la semana que viene. En cualquier caso, esta semana se ha abierto la opción de compra online a través de la web de Diábolo Ediciones.

Para hacer un poco más amena la espera, rescato en el blog una de las películas que más me gustan de esos primeros años de la técnica: The Dinosaur and the Missing Link (El dinosaurio y el eslabón perdido, 1915). Se trata del primer gran cortometraje de Willis O'Brien (u Obie, como le conocían sus colegas), quien acabaría siendo el responsable de las animaciones de dinosaurios de The Lost World (El mundo perdido, 1925) y King Kong (1933), ahí es nada.
©Collection of Willis and Darlyne O’Brien.
Temporalmente situado en la Edad de Piedra, el film presenta a cinco personajes humanos, todos interpretados por muñecos animados: tres pretendientes, llamados Duke, Stonejaw Steve y Theophilus Ivoryhead que compiten por la atención de una joven y bella cavernícola llamada Araminta Rockface, que aún vive con su padre. El eslabón perdido al que hace referencia el título es Wild Willie, una criatura de aspecto simiesco a la que Obie se referiría en el futuro como el ancestro de King Kong. 

La historia nos presenta un conflicto bastante simple pero resuelto con mucha gracia, y en cuya animación llama la atención el uso de elementos típicamente cartoonianos, como las estrellas en la cabeza de uno de los cavernícolas cuando este se golpea contra un árbol. Después de que Willie robe la cena que el anciano Sr. Rockface, su hija y sus pretendientes estaban a punto de comerse, los hombres son enviados por la fémina a buscar más carne y pescado. En el transcurso de su búsqueda, uno de ellos se cruza con lo que parece un phorusrhacos (una criatura de aspecto de pollo prehistórico, denominada como «codorniz del desierto» en los títulos). Mientras tanto, Willie se involucra en una pelea con un brontosaurio, que acaba con el simio desprovisto de vida. Entonces el dinosaurio desaparece y vemos como llega a escena Theophilus, quien es preguntado por Araminta acerca de la cena. Por ese motivo, pone de pronto uno de sus pies sobre el cuerpo de Willie (un gesto de los días de boxeador de Obie, que usaría en varios de sus siguientes films) haciendo creer a la chica que él ha acabado con la bestia peluda. Lo que deriva en que la dama caiga rendida a sus pies.

viernes, 1 de diciembre de 2017

OK GO - OBSESSION (2017)

Los chicos de OK GO no se cansan de dejarnos a todos con el culo torcido con los acojonantes videoclips de sus poperas canciones, siempre con la premisa de llevar al extremo un truco visual y mostrar los pormenores del mismo en el propio vídeo, demonstrando de paso que no les interesa lo más mínimo la edición en postproducción (salvo para temas estrictamente necesarios como el etalonaje).

Esta semana han estrenado el vídeo de Obsession -tema que integra el cuarto LP del grupo editado en 2014, Hungry Ghosts-, para el que han contado con el apoyo de Double A que ha aportado 567 impresoras a color y las toneladas de folios que se utilizaron para cada uno de los fotogramas que componen una de las piezas de pixilación más interesantes e innovadoras de este año. Un viralazo en toda regla con casi ocho millones de visitas en Youtube, vamos a darle unas cuantas más:

Los directores de tamaña maravilla han sido Damian Kulash, Jr. (vocalista de la banda) y Yusuke Tanaka, y antes de que alguno los demonice por el uso bestial de papel conviene decir que fue convenientemente reciclado y, además, las impresoras han sido donadas a Greenpeace. Todo bien.

jueves, 30 de noviembre de 2017

EL ZOOTROPO DE WILLIAM HORNER

1834. En ese lejano entonces ya llevaban unos años hablando de la teoría de la persistencia retiniana (ideada por Peter Mark Roget en 1824), un fenómeno según el cual una imagen permanece en la retina durante una fracción de segundo antes de desaparecer por completo. Por ello cuando imágenes fijas con cierta variación entre ellas pasan a cierta velocidad ante nuestros ojos (con una cadencia mínima de 10 imágenes por segundo), el cerebro las enlaza como una sola imagen visual, móvil y continua.
Con ese principio como base empezaron a llegar a las casas de la clase media-alta de la época victoriana ciertos juguetes que maravillaban a quien los observaba: el taumatropo (inventado por John Ayrton en 1824), el fenaquistiscopio (creado por Joseph Plateau en 1829) y el zootropo (ideado por William Horner en ese 1834), serían los primeros grandes inventos que triunfaron en este ámbito -sin desmerecer del más antiguo y siempre genial flip book o folioscopio que Philippe Jacob Lautenburger se sacó de la manga en 1760.

Disco de fenaquitiscopio
El más revolucionario de todos ellos, por su sencillez en el uso y la conseguida sensación de movimiento que produce fue el de Horner, un bristoleño como los buenos de Aardman (ya sabéis que siempre les tengo presentes en mis plegarias). El zootropo, cuyo nombre proviene del griego zoo (vivo) y trope (que gira) -que también fue conocido por el genial apodo de daedalum, que suele traducirse como rueda del diablo-, consta de una serie de dibujos impresos en bandas de papel colocadas en el interior de un tambor giratorio montado sobre un eje. Rodeando el cilindro en su parte más alta, una serie de ranuras verticales, por las cuales se mira, permiten que al girar el aparato se perciban las imágenes en movimiento.

Los amigos de Antiquus son de los pocos que se dedican, a día de hoy, a la fabricación de este y otros juguetes ópticos de época. Para hacer esta entrada me mandaron su modelo de zootropo francés , un precioso diseño decorado con motivos ornamentales clásicos. Va acompañado de 30 tiras animadas, que resultan ser una reproducción de las originales y que consiguen transportarnos, aún más si cabe, a una época mucho más inocente y fascinante.



Cuelgo aquí unas fotos del bonito zootropo para que se os caiga la baba sobre el teclado. Haceros con uno para regalar en Navidad y triunfáis de fijo.